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La Fealdad

Por YASHUAbcn - 15 de Agosto, 2008, 1:41, Categoría: General

La naturaleza tiende a crear formas adaptadas al medio incidiendo en la configuración intraorganísmica de los seres vivos asi como en su aparato de locomoción y en sus maneras externas. El cuerpo humano viene recibiendo elogios por su belleza y su complejo y evolucionado funcionamiento físico. Las caras humanas revelan historias de sujetos y desde sus ojos se infieren sus estados anímicos. No siempre las caras son bonitas ni los cuerpos son deseables. Donde predomina el desgarbo no se manifiesta la apetencia. Como que en la vida no todo no pasa por la imagen ,el tipo desgarbado o que no tiene un sex Apple fulminante termina por desarrollar otros recursos intelectuales o artísticos desde lo que catapultar facultades que le van  a rodear de otros atractivos aunque no sean físicos.

La fealdad es una de las referencias que no se olvidan aunque por cortesía dejen de mencionarse. Ser feo significa tener una cara sin asomo de belleza, poco interesante de entrada.

Una cara, por importante que sea en la comunicación de una persona con las demás, no lo es todo. Es a lo que se mira cuando se habla con alguien pero también se consigue información de la persona mirándole el resto del cuerpo. Una persona con una cara fea puede tener un cuerpo bonito. Lo que no tiene en el rostro lo puede, en la medida de lo posible y de su arte en decorarse, es decir, en provocar, tener en el cuerpo. Hay personas con un enorme atractivo sexual y que no son guapas.

Dicho esto, veamos como puede sobrevivir psicológicamente una persona a su fealdad. Seguramente no se resistirá a reconocerlo porque vivirá con esa condición y el estigma de habérselo señalado desde una temprana edad. Basa que un niño esté rodeado de otros que reciban elogios con respecto a su semblante y él no para empezar a recibir una carga de discurso lesivo por omisión. Mas adelante el compañerismo de escuela y la crueldad infantil se ocuparan de remarcar su condición de patito feo. La condición de feo se añadirá a la de otras condiciones asintóticas y disintónicas. Hay gente muy alta, otra que tiene tendencia a la obesidad, otra que no supera su desgarbo en el andar.

La resistencia a su condición  seguirá persistiendo aunque sea  aceptándola pero  no acertando la forma de superarlo. La persona fea que sigue siéndolo más es la que sigue sufriendo por ello. Cuanto antes admita el/la feo/fea que lo es antes podrá reorganizar su vida sin otras falsas auto imagos. No tengo noticias de que la gente fea haya sido condenada por esa razón, aunque otro registro es el que socialmente pueda ser marginada. Determinadas formas físicas son excluidas de determinadas élites. Además de la fealdad facial hay que añadir una lista de deformidades o de medidas no regladas dentro de una comunidad biológica. La persona distinta es la rara que los demás trataran de tal, sea porque no conoce el idioma o porque carece de la misma capacidad motora. La fealdad es  considerada como un hándicap, como una adversidad o como una mala suerte, dado el tipo de sociedad en el que se vive en el que se valora tanto la imagen. Tampoco es de ahora, desde la antigüedad se viene valorando la belleza. La belleza aliada con la inteligencia siempre fue poderosa (Cleopatra, Mesalina, Evita, Felipe González, los varones Kenedy…) pero eso no demuestra nada, la inteligencia también se ha abierto acceso al poder a pesar de la no belleza de sus candidatos (De Gaulle, Claudio, Kruchev,Tatcher,Aznar,…).

Hay feos célebres que superan en encanto al más guapo (Karpo Marx o Wody Allen).

Bárbara Streissand puede ser considerada como fea y desde el punto de vista de sus admiradores no nos gustaría que se la operara para ser más guapa. Cuando lo hizo Massiel con la suya, consiguiendo un resultado que sin duda la embelleció algunos nos sentimos defraudados. Y es que la imagen y la personalidad van muy unidas. El peso de la imagen es tal que pasar por sesiones de liposucciones, de estiramientos, de rectificaciones o de implantes mamarios se ha banalizado hasta tal punto que se puede hablar de un fenómeno de lucha sin cuartel contra la pérdida de belleza o contra lo que puede ser considerado feo. Como siempre el punto de mira no está tanto en los ojos que miran como en los conceptos que tiene encajonados el cerebro al que están conectados estos ojos. Michael Jackson a fuera de pretender algo anti natural para su piel ha conseguido un rostro de espasmo permanente. La pretensión antinatural de la belleza puede causar estragos en la fisonomía y en la figura de los adictos a quirófanos y tratamientos. Para el feo que reconoce que lo es, que lo sabe a la vista de los patrones regentes de las formas, que tras descubrirlo, ya hace muchos atrás, se lo han confirmado y se lo ha confirmado a sí mismo innumerables veces a lo largo de su vida, al verse de todas las formas posibles, de lado, de espaldas, por arriba, de costado, sentado, de pie, extendido, desnudo, vestido; no hay otra solución que la de reconciliarse con su forma en aquello que no puede cambiar y la de hacer esfuerzos de mejora para aquella parte en que sí pueda cambiarla.

Las posibilidades naturales para embellecer el cuerpo son innumerables y los manuales y propuestas técnicas para hacerlo, una multitud. Todas pasan por la disciplina de dedicación diaria. Es así como  un cuerpo esquelético o enclenque o excesivamente asimétrico puede ir auto moldeándose y siendo más agradable. De la dedicación al cuerpo  por esta vía se ha hecho culturismo y un culto a la imagen a la que se supedita la franqueza de la persona. Eso da lugar a otra clase de síntoma. De todos modos lso ejercicios físicos inciden en la masa muscular del cuerpo pero no pueden cambiar la forma facial. Claro está que un estado general de salud corporal y una autoestima al cuerpo en sus progresos por  redimensionarlo en otros volúmenes no solo engrandece la autoestima sino que también afecta a la claridad de la mirada y a la forma con que se mueve la boca.

El feo que se sabe feo y que se toma a sí mismo en esta condición como si de una falta de prestación se tratara, algo parecido a lo que cualquier otro deficitario, reconocerá en su déficit corporal del tipo que sea, puede sacar partido de su condición (las mujeres barbudas y los enanos trabajaron en los circos de alguna época, no se si todavía se hace del hirsutismo y de la enanez espectáculo)o prescindiendo de sus facies no olvidará que es una persona con todos los derechos a la vida y con todo su sistema sensorial a la perfección para gozarlo todo.las mujeres del salón Kity fueron entrenadas para tener relaciones sexuales con todo tipo de figuras físicas por bochornosas que pudieran ser. La prostitución jugó siempre un papel importante como forma de obtención de información a cambio de placeres sexuales. De hecho, la sexualidad ha sido y se sigue utilizando como una poderosa arma para doblegar sutilmente la voluntad ajena en determinados casos.  El sujeto poderoso ha conseguido de su partner lo que ha querido sea cual fuere la condición estética del primero.

Examinar la fealdad como un todo no es posible lo mismo que la belleza. Así como la persona mas bella puede tener partes de su figura que sabe que no son bonitas y tiende a disimularlas o los demás las pasan por alto, también la persona más fea puede tener partes de la suya exuberantes o atractivas. La verdad es que aceptarlo todo del otro significa encontrar a  un otro muy bien dotado y perfecto en todos sus rincones, rechazar todo del otro significa encontrar el mas absoluto de los adefesios. Psicológica e ideológicamente pasa algo parecido: es imposible estar de acuerdo lo mismo que estar en contra de absolutamente todo lo que diga una persona tomada al azar. Un acuerdo general con ella es tanto mas cierto en cuanto hay diferencias de opinión en algunas cosas y un desacuerdo general lo mismo, es tanto mas cierto en cuanto se dan concomitancias con otras.

La persona con una cara fea puede mejorar su forma facial cambiando su gestualidad. Hay gente guapa que al  hacer muecas y a costa de insistir en ellas se la recuerda mas por su rictus desagradable y hay gente fea que por su simpatía y sus gracias se la recuerda más por esto que no por el rostro.

La fealdad en el peor de los extremos, en los que no hay vuelta de hoja, y  nada puede negarla como tal, puede ser mas o menos aceptable según la persona que la detenta según sea su personalidad. Una persona fea si además es desagradable resulta imperdonable, una persona guapa que va de mal educada no se la recordará por guapa si no por mal educada.

La sociedad masificada dentro de todos sus inconvenientes tiene la ventaja, si así se puede denominar, del desapercibimiento a partir de la ignorancia mutua. La gente no sale a la calle con la cara tapada por razones estéticas (quienes la llevan por obligación sociales es por razones religiosas y por dominancia machista). La gente sin cara o con malformaciones considerables por angiomas severos o por accidentes infantiles se acostumbra a ella y la fuerza de la costumbre hace que su entorno también se acostumbre a él. Lo que va a importar de esa persona lo mismo que de cualquier otra con la cara más seductora y los ojos mas interesantes es la verdad de ella, sus contribuciones, su comunicación. La persona más fea del grupo puede ser la coloquialmente mas divertida, la que saca mejores notas en su carrera o el que sabe más de todo porque, tal vez, dedica mas atención al estudio que a las relaciones humanas donde le ha tocado aguantar desprecios de todos los colores. Si la realidad se constituye en un factor de aislamiento social es posible que el afectado recicle su tiempo de estar consigo mismo y lo emplee para desarrollarse culturalmente. Lo que le falta a nivel facial puede compensarlo sobradamente con otras aptitudes culturales e ingeniosas.

Lo que siempre está en juego es la actitud cargada de prejuicios y de indisposiciones. En última instancia la fuerza de la erótica pasa por la forma y la degradación de esta es un factor para el desapasionamiento. El humanismo no puede convencer de que todos los seres somos iguales dentro de una escala sentimental, mucho menos dentro de una escala de apreciación estética. Unas figuras gustan mas que otras de entrada, unas caras atrapan mas miradas que otras. En un campo de relación oral no es la cara más bella la que más interés visual mueve sino la más interesada. La vida es una danza combinatoria de aptitudes y actitudes. La falta de aptitud por algo, en el caso que nos ocupa, la falta de quórum estético o de belleza, toca ser compensada con una actitud ante la vida resplandeciente o al menos conectado con otras fuentes de placer mas allá del vinculo visual. Se podria decretar un amor para todos y no excluir a nadie de ello por sus facciones pero no funcionaria. El vizconde de Segur dijo que el hombre hace leyes y la mujer modales. Lo que sí se puede hacer es no dejarse paralizar por el déficit. Una falta de estética es tanto más deficitaria cuanto el afectado menos crea en sus otros campos de posibilidad relacional o creativa.

Ante el –que se puede calificar- agresor verbal por decirle a otro que es feo, solo cabe contestarle que vale sí, y qué. Es como decirle a alguien que es blanco, negro, alto, obeso o escandinavo. Muy bien ya has señalado un atributo ¿y ahora qué? ¿Iniciamos una conversación o nos decimos adiós por serlo? En el tipo que señala a otro que es feo, tal vez encontremos uno que va de Adonis con su complejo de superioridad pero con sus otros atributos por demostrar: desde la inteligencia a la longitud de su pene. En todo caso no deja de ser curiosa que todavía hay quien sigue clavado en la rémora infantil y acude a esa clase de calificativos. No forma parte de la elegancia verbal en todo caso señalar las condiciones físicas de los demás de maneras peyorativas. Si alguien quiere crear un impasse en la incomunicación no tiene más que hacerlo. En otra forma de hablar, la persona fea es la que está cerrada de mente y espíritu y no tiene habilidad para aprender o adaptarse, y la guapa es la que está en permanente progreso y evolución y es atenta con los demás siendo respetuosa con la vida. Siempre hubo patitos feos y los habrá, mientras el ser humano no sea fabricado por una máquina habrá asintóticos de la forma. El problema no es que el patito negro lo sea sino que el resto de los otros,  sino que los blancos lo picoteen y lo dejen atrás. El problema mayor de la fealdad no es ella misma sino el desprecio recibido.

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El niñato

Por YASHUAbcn - 8 de Agosto, 2008, 1:52, Categoría: RELATOS

Con algo más de veinte años y venido por primera vez  de las extremas tierras de Extremadura, acudió a la cita acompañado de su novia de oriundez territorial y con toda la iniciativa de empresa que a él le faltara. Ambos, con proyecto de futuro común y trayecto de novios compenetrados con el “sólo tú” por divisa, terminaron con síes rotundos y decisivos a las condiciones de uso del apartamento. Como casero modelo y según mi criterio, les advertí que no habría ningún problema en que ambos compartieran la habitación días excepcionales con el coste del alquiler de uno aunque otro tema sería que ella, Eli, decidiera instalarse.

-Oh no, ni siquiera una noche -aseguró- mis papás no me dejarán.

El nuevo inquilino, Diego Sorro, aunque enseguida fue Dieguito, aceptó las condiciones y pagó enseguida lo reglamentado.  Y puesto que  era enviado por un tipo que ya me había enviado a dos chicas extranjeras que después de dejar la paga y señal cambiaron de opinión en pocos días, decidí reembolsarle  la cantidad de aquella paga.Decisión que ya no repetiría con posterioridad para otros posibles casos. (yo no tenía porqué asumir la falta de planning de los demás o sus múltiples variables debidas a indecisiones o imprevistos).La palabra “los demás” era  para mí un misterio definitivo.

El chiquito más contento que un enano con un cuarto de kilo de pasas, vino con sus bártulos -ayudado siempre de su socia con exuberancia de más competencias de él- y ocupó la habitación del fondo. Antes., me había hecho una extraña solicitud que le denegué: tener una nevera propia en su cuarto. El, insulínico prematuro debía cuidar su alimentación y contrarrestar el disfuncionamiento de su páncreas.En seguida se puso manos a la obra y compró artículos de cocina y llenó su sección de despensa asignada.

Diariamente iba a trabajar un montonazo de horas en temas de instalaciones para proyecciones fílmicas. Y aparentemente trabajaba más que un burro, quizás instado por un matrimonio en perspectiva y por dar el do de pecho, ante una catalana con las tetas bien puestas. Sus ocupaciones laborales le devengaban parte de su concentración y habitualmente dejaba sus calzones visiblemente ensuciados en los percheros del cuarto de baño, como emblema cultural de su pasado. También era habitual en él dejarse olvidados bocadillos preparados y otros temas culinarios. Era el típico muchacho provinciano que siempre ha tenido una mamá detrás con la fregona. Enseguida entendí que  no solo cobraba por habitación alquilada sino que debería pensar en un plus para dar clases de convivencia y uso de espacios compartidos a niñatos desentrenados. Al mismo tiempo Dieguito no era un santo y le daba a los canutos con unas exhalaciones superiores a su frontal para encajar imágenes sublimes, también al alcohol que lo dejaban fuera de tiro y enganchado a la cama hasta los mediodías pasados. Temí por su cordura.Tantas horas de trabajo a destajo y tanto vicio podían dejarlo seco. El chico no tenía desperdicio. En realidad era un caso de academia para entreno de caseros con-todavía- no demasiada experiencia,cual era mi caso. Tuve que avisarle varias veces y particularmente una superborracho comiendo en el suelo del salón y dejándolo todo pringado. Habitualmente allí por donde pasaba dejaba sus marcas y con él aprendí que no hace falta preguntar quien ha hecho que en un grupo convivencial cuando se conoce a sus miembros y los hábitos de cada uno. Diego-bonito dejaba las marcas de los vasos por allí donde pasaba y las huellas de su suciedad por ahí donde pisaba. Por si fuera poco iba a cerrar,lo que al parecer era el único  bar abierto de la zona hasta madrugada,en la gasolinera del puente de Ripollet.Y con otros dos huéspedes: Positiv man y Maurazo, cambiaban el mundo desde la filosofía de los transeúntes. Le planteé un ultimátum sobre cambiar e hizo caso omiso. Así mismo se cargó por negligencia la antena del compact-radio estéreo y nunca hizo ninguna gestión por reponerlo.Le advertí que le saldría el doble de cara a deducir  de su depósito si me tocaba ocuparme a mí. Prefirió hacer caso omiso.

De tal prodigio de la naturaleza no cabía esperar mucho,aunque paradójicamente fuera el objeto de amor de una chica que parecía  poder pensar por los dos. Y llegado el momento hizo la putada típica del inquilino que se va de un día para otro sin avisar y encima pretender la devolución del depósito como si no hubieran rotos y como si no hubiera sido dicha una de las cuestiones de oro: el preaviso con tiempo suficiente (de 15 a 30 días). Un primer día de agosto justo cuando yo salía para Suiza encontré una miserable nota diciendo que se iba y que me pusiera en contacto con él para la devolución de unas 20 mil en depósito.Por supuesto no dejó las llaves. Puesto que estaba por equivocación en el apartamento,actué como si no hubiera pasado y no fue hasta 4 semanas después que la asumí. Por supuesto no contacté con él y cambié la cerradura recurriendo a un ejercicio habitual de caseros: el de tener un repertorio de bombines para situaciones de este tipo en que las llaves no son devueltas. Unos dos meses después me llamó y me dejó recado de que le llamara. Lo hice.

-te  he llamado para que me devuelvas el depósito.-me dijo desde la impertinencia de una crisis de acné-

-¿estás bromeando?No creí que se te ocurriera llamar para eso.

-es mío y me lo debes.

-Su cantidad se ha volatilizado en el cambio de cerradura, en el roto que no reparaste y en la falta de preaviso para dejar el piso -le canté dejándolo sin habla- ante lo que tu solicitud no da a lugar.

-Pero tú eres un mangante o que? -se puso al micro Eli,pensante por los dos.

-La historia es con él no contigo.Tú no sabes nada. Y no estoy dispuesto a contartelo.Esta llamada la pago yo además.

-Si ya lo sabíamos desde el principio, mi padre es abogado y además tiene arrendados apartamentos y siempre hay recibos de por medio.Tu no lo hiciste.

-No ya lo tratamos en un comienzo y aceptásteis o aceptó.La palabra es suficiente cuando se cumple.Tu niñito no la ha cumplido.

-Te denunciaremos, mi padre sabe de esto.

-Adelante, ya nos veremos en el juicio y ahora perdóname tengo cosas mas importantes que hacer. Clinc!

Me quedé un rato reflexionando sobre como se constituyen las alianzas de defensas y combates entre los seres humanos y lo fácil es el posicionamiento unilateral por conveniencia.Al parecer los novios habían evolucionado a una mayor intimidad y posiblemente el candidato a los usufructos familiares de ella,había conseguido más credibilidad ante los padres.Aunque no tanta -valoré- como para que le den apoyo en un recurso judicial cuando carece de la menor fuerza ética para plantearlo. Dieguito demostraba que podía haber gente para todo y que dentro de un inquilino podía vivir un rencoroso más o menos permanente.

Pasaron 10 meses y no supe nada mas del niñato y de su mantecosa defensora. Lamenté que los finales tengan que ser trágicos y groseros, pero eso es casi lo de menos cuando un final está preescrito desde el primer momento en que se pacta un acuerdo con un usuario de tránsito y todo inquilino es un usuario provisional.

Yo me predisponía a acoger a una heterogénea fauna mundana: desde inexperienciales como el extremeño a hombres curtidos por la vida como José Haro o a mujeres asomadas al balcón como Ana Verdasco. Las historias de inquilinos no acababan sino de empezar. El futuro me depararía de una clientela particularmente curiosa y percentualmente indicativa de las proporciones de cordura-o de falta de ella- de la vida. Tras su partida el apartamento quedó vacío de las heroicidades de un mentecato con ínfulas de hombre demorado. Mi ganancia inmediata fue la de no tener que poner su ropa  sucia en bolsas de plástico que dejaba colgadas del pomo de la puerta de su habitación.Mi ganancia de fondo fue la de no tener que pasar por bronquear tan directamente a alguien que no sabe controlarse por exceso de alcohol y porros. Pero en el fondo sabía que  mis relaciones caseras con toda la fauna humana (y sus floras dejadas)dejarían motivos de colisión.Dieguito  el niñato  podría ampararse bajo su manto de inexperiencia de andar por el mundo de niño faldero, pero no tenía la menor excusa. Era otro sujeto de deshecho para la caja de los entuertos. Un inmaduro de los que iba por la vida pensando en sus propias decisiones y no cumpliendo los acuerdos. Pero eso, eso, no era exclusivo de su condición infantil. Desgraciadamente para mí, la palabra humana en general estaba en crisis y la palabra de los inquilinos era  sospechosa por condición. el tiempo me iría confirmando que cuanto más énfasis tenía una declaración juramentada y una afirmación de garantías menos cumplible era.el personal halagaba por hablar y yo por supuesto, no les hacía caso,o no les hacia mas caso que el que se merecían.Al fin y al cabo, sus mentiras formaban parte de  materiales literarios, de los cuáles me aprovecharía convenientemente.

 

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The positiv man

Por YASHUAbcn - 8 de Agosto, 2008, 1:22, Categoría: RELATOS

Un tipo impecablemente trajeado con una ancha corbata de tonos rojizos y algún diseño hortelano, presentando una  cúrvea sonrisa de un pabellón auditivo al otro y con una electricidad radiante. Un todo-energía con el  mundo entero por bocadillo o tentempié. Alguien que en la primera entrevista y en una posterior de remate se presentó como personalidad con grandes proyectos montado en el negocio de las inmobiliarias y con unas ventas en perspectiva que le iban a dar notorios dividendos.Alguien con suma insistencia sobre la toma de la vida en positivo como base filosófica para todo. Interesante personaje o personajito de novelas de kiosko y con toda una estrategia para afilar su imagen bonachona y de ejecutivo impecable para merendarse a clientes potenciales al por mayor. Un tipo, en suma, de los que se habla un rato tras finitar la primera cita.

Dejé que hablara largo y tendido sobre si mismo y su modo de ver el mundo sin discutirle ninguna coma, no fuera a que le descolocara algún sillar de su castillo. Su amor  por la grandeza chocaba con  la exigüidad del espacio que yo le ofrecía en forma de alquiler mensual.

Ojalá fueran todos como él, me dije, un hombre positivizado siempre puede ir bien para pagar más baratos los revelados  de las instantáneas. Me equivocaba. Como siempre.

El chico  tenía bien ejercitado su papel de hombre cabal y predispuesto a hacer grandes fortunas y por adrede a hacer ganar dinero a quienes le contrataran. aunque su trabajo no estaba del todo consolidado actuaba como si ya lo estuviera.Enseguida comprendí que me estaba contando el cuento de la lechera con efectos especiales que incluían voz en off y una versión para adultos olvidadizos de infancias lechonas y cántaros rotos.

  No recuerdo el tiempo que permaneció en el grupo de descamisados del que me ocupaba, pero sí recuerdo que su programa y dieta de vida lo sacaban a a calle cada dia a hacer footing en medio de coches y humaredas,-dada la ubicación del apartamento dando a una carretera nacional- para mantenerse en forma en sus agresividades pletóricas frente a los compradores que por miles le esperarían en sus zonas de  ventas.

No fueron necesarias muchas semanas para advertir que su mochila de positividad no parecía servirle de demasiado  Se veía a sí mismo como un fracasado apenas rebasando los 30 años.Y yo dejé que se lo creyera. Un casero no debe inmiscuirse en los arrebatos emocionales de sus pacientes, perdón  quería decir de sus clientes. El inquilino es un sujeto circunstancial y aleatorio. Un pájaro de vuelo ligero y rápido.Un transeúnte.Alguien que tras un periodo de tiempo más o menos largo tan solo deja una ficha en un cartulina desvencijada por el tiempo donde figuran sus datos centrales y la cuota de su pago. Nada más. Es un punto y a parte antes de llegar. Evidentemente los hay que dejan huella y recuerdo, pero la mayoría se evaporan como el humo de un cigarro barato nada más irse. Si por añadidura el casero no lleva sus notas actualizadas, pasados unos cuantos meses ni siquiera queda el recuerdo de su cara. Yo estaba especialmente preparado para evacuar datos innecesarios de mi sistema mental y dérmico.De hecho, ahora que completo estas notas ni tengo su cara en mi archivo neuronal ni mucho menos su nombre que debería buscar en  la ficha de papel correspondiente.

De este hombre positivo no quedaba ni  rastro ni  nombre.Sí en cambio una ligera imagen hortera al que contribuían las hortalizas de diseño de sus atuendos. Contaba con una novia que se estaba sacando las oposiciones a mosso d´esquadra (¡viva la liberación femenina! ¡y qué viva y reviva!)y me consultó algunas veces por algunas cosas, ya no recuerdo de qué ni en qué frecuencia.

Mi actitud casera era la de usuario puntual y materialista de los recursos allí almacenados y para  la toma de pagos de los inquilinos estacionados. Mi protocolo no daba mucha cancha para dedicar tiempo a las tragicomedias ajenas aunque por mi talante de socialista de primera hornada me debía a esos proletarios que se dejaba caer de tarde en tarde con sus castillos  de naipes y sus cantimploras de aguarrás.

Un dia que estaba colgando un clavo para sostener una escalera de aluminio en la pequeña terraza me saludó desde la carretera.Iba acompañado de esa novia policía que le haría de sostén práctico y simbólico para las andaduras de una vida comercial que sin duda sería difícil.

Este hombre positivo a estas alturas ya habrá vendido la mitad de parcelas disponibles de las zonas residenciales ávidas de propietarios adictos a hipotecas y  tal vez sus dividendos hayan dado de sí para trocar sus castillos de naipes por un castillo de obra y mampostería en los Alpes.De hecho no estoy en posición de creer nada ni meterme a desarrollar con  arsenal fabulario ni lo uno ni lo otro. Para mi coleccionario de personajes raros es suficiente y para  un marco teórico de supervivencias su recuerdo es un dato más de como el comercio socorre a náufragos sociales de todo tipo cuya imagen y labia la ponen al servicio de  tremendos engaños especulativos o profesiones  que todo lo que tienen de imagen no lo tienen de sinceridad.

 

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El medio palmo

Por YASHUAbcn - 8 de Agosto, 2008, 1:17, Categoría: RELATOS

Un chico para todo, con ánimos de dejar su Extremadura y empezar una nueva vida en la Barcelona de las promesas, como si de un cuento de Corín Tellado se tratara, vino con su furgo y con su parejita a poner una pica en Flandes recién llegados encontró trabajo y dados los precios de hospedajes la casualidad quiso que viera mi anuncio y me llamara. Tras una inspección ocultar rápida de la habituación y el minúsculo apartamento (otras tres piezas: cocina,lavabo y vestíbulo)admitió contratarla, asegurando que estaban interesados por seis o siete meses. Les establecí un precio con esta perspectiva (menos de 1000pts por día para los dos),completamente distinto a otro precio para inquilinos de pasada (por unas semanas o por menos de dos meses (1500pts por día para una cama doble).Ambos precios me parecían ridículos e insignificantes, a pesar de tratarse de un apartamento sin lujos y sin salón de estar.La primera reacción extraña consistió en informarme que no tenían  para pagar el depósito y yo quise confiarme (toda confianza es soberanamente estúpida en esos casos en que de entrada un desconocido ya te está pidiendo cancha y favores). No solo me confié en  lo solicitado; dividir la entrega del depósito en dos partes, sino que además me ausenté inmediatamente del apartamento por un mes. A mi regreso, me encontré que un sin fin de objetos domésticos habían sido cambiados de lugar.También el orden interior de la habitación alquilada. Reordené parte de las cosas cambiadas de sitio y dejadas de cualquier manera en los estantes superiores: el juego de cajas de tés y varios utensilios domésticos y ni siquiera me tomé la molestia de decir nada o de dejar una nota. Para esas alturas estaba harto de que la gente dijera sí a un pacto verbal y luego hiciera lo que le viniera en gana y no asumiera las consecuencias de sus actos.

Para no erosionar la situación pregunté con suavidad acerca de su situación y sus intenciones y dejé que me mintiera descaradamente referente a las fechas de pagos. Un utilitarista de la situación con bastante incapacidad para el cálculo concreto así como para las operaciones abstractas, que me dio gato por liebre.Sn levantar un palmo del suelo quería levantarme las previsiones sobre  mentecatos de su clase. Mi pose era  y es la de dar por válida la palabra y llegado el día de pago:el chico dijo algo así como "que hablando se entiende la gente" y que no podía pagarme porque a su vez no le habían pagado a el en la empresa.además dijo que no podía pagar nada ni un céntimo. Las comedia de siempre.en ese mismo momento debía haberle dicho que se fuera cogiéndole la palabra de irse a la ricura  de niña que le hacía costado.Le enseñé a contar en dólares (algo se llevó aprendido el muchacho)al decirle que tenía una habitación para dos por menos de 7 dólares al día con todos los consumos, algo que no encontraría en ninguna parte de Europa y  solté el clásico argumento para tontos que las cosas se dicen antes y no el mismo día, que para eso hay  un bloc de notas o un teléfono.

Después de concederle el plazo fui el día en cuestión a por el cobro.Y me encontré que Alvaro me dijo que ya se habían llevado y todo por la mañana a primera hora.en efecto, miré en su habitación y me encontré  todo hecho un asco,pero eso sí con una escueta nota que decía que 7 dólares era demasiado caro para él y que estaban cansados de vivir entre tanta mierda. El y su primura la habían traído y ahora se quejaban por ello. Habían dejado tras su paso de ventisca, un interruptor roto, la habituación recambiada, el suelo sin barrer ni fregar, la basura de compresas sin vaciar,y las molestias en el vecindario por quedarse charlando hasta las 4 de la mañana y no dejarles dormir.Por añadidura optaron  por llevarse algunos pequeños objetos.  Como casero asumí las pérdidas y como hombre vi que una vieja pregunta rebotaba dentro de mis tímpanos¿Porque la gente impresentable se repite tanto la una a la otra? No era una buena manera de irse de los lugares y en todo caso, lo que creía ganar evitándose lo que me dejó a deber[1] , lo perdería en el futuro  reparando su cara al serle partida por alguien que no le aguantara  una conducta parecida.  Ya se sabe! la gente frente a la responsabilidad difícil tiende a huir. Pretextará lo que sea,pero escapará.Eso sí montará su justificación y tendrá su credo particular pero esconderá la mano tras tirar la piedra. El prototipo es tan conocido que ya nada más ver uno de su calaña, se puede sospechar con un cierto grado de acierto. Y no es que yo no sospechara  de él al verlo, pero quise confiarme una vez más en la gente,tras que me soltara la lagrimita diciéndome que no tenía la paga entera para cubrir la fianza.

Recuerdo perfectamente el encuentro.  era una segunda tentativa de cita, puesto que a la primera llegaron dos horas después de lo acordado y yo ya no estaba. Vino con Azucena que fue con quien,por teléfono,habíamos acordado día y hora,anunciándole que vinieran con capacidad para tomar una decisión al momento y con el dinero suficiente para cubrir el mes entero más otro de depósito. El miró y remiró las cuatro piezas que les  que les mostré contando el recibidor y  ella como una perrita mimada le seguía con la mirada a él. Finalmente dijo que le interesaba pero que no podía pagarlo todo,pero que me pagaría el uno del siguiente mes,la otra mitad. Acababan de llegar de la lejana Extremadura y venían a las antípodas de la piel de toro.Yo sucumbí a la trampa y no quise  hacer de rígido de entrada. ciertamente no tenía una prisa económica exagerada. Les confié el piso por una miserable cantidad de dinero y me fui casi 30 días a recorrer la costa sur del Mar negro, no sin cierta intranquilidad por el comportamiento de los nuevos  huéspedes.

Sin  duda estuve i¡incumpliendo una de las premisas fundamentales de todo casero: el de no fiarse jamás de ningún inquilino hasta conocer sus hábitos y trayectoria que lo convierte en alguien predecible. Yo no lo hice en esta ocasión y lo lamenté a la vuelta por las cosas regiradas que encontré, -habiéndoles advertido que no tocaran el contenido de determinados armarios-y por la protesta de mis vecinos. Con mediopalmo  añadía más motivos a mi  prevención a alquilar habitaciones  e incluso a compartir alojamientos con completos desconocidos. Un/a inquilino/a era interesante cuando  ocasionaba menos tiempo de atención y de dedicación a reparaciones que la equivalencia de ese esfuerzo en horas de trabajo. Por eso la nueva táctica era ya selectiva desde el teléfono.en lugar de facilitar la dirección de inmediato, me pondría a hacer suficientes preguntas y a aclarar los puntos por si era posible la compatibilidad y segura la solvencia. Definitivamente no me fiaba de nadie ni nadie me parecía bondadoso de entrada, sino oportunista, incumplidor y malencarado: O esa era al menos mi tesis preventiva de partida, tras la que siempre podría confesarme erróneo de dar con la persona chapeau  que me hiciera cambiar de criterio. El único dato  excusador del comportamiento de mediopalmo fue que ciertamente el apartamento ofrecido era minúsculo y un lugar de tránsito, apto para pagar poco y economizar e ir guardando ahorros con el que dar el salto a un alquiler. De hecho llenó la cocina con  aparatos comprados,que indicaban ese propósito y desmentían sobradamente la patraña de no tener dinero para pagar el día acordado. Y esa historia tenía un punto y final aquí aunque no del todo,porque el se quedaría como deudor y yo como acreedor y tal vez algún día cuando coincidiéramos en alguna parte su propia vergüenza  lo fulminaría como una mancha  asquerosa en  el suelo pisado por los demás.



[1] Entres unas 15milpts+gastos de reparaciones que correspondían al resto del  mes y 45mil que era la cantidad que habíamos acordado que pagaría el día que me dejaron plantados él y su muñeca.

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Una espantapájaros

Por YASHUAbcn - 8 de Agosto, 2008, 1:12, Categoría: RELATOS

Ana la loca.La inquilina obsesiva.            

Un primate habitando un  cuerpo de mujer con greñas,  nariz chafada, andar simio y con órgano motor circulatorio parsimónico se hizo acompañar por una divinidad lónguea en una feminidad sevillana marcando espacio y época. Invité a pasar a las dos y como acostumbro hacer, antes que nada enseñé las habitaciones disponibles de alquiler y a continuación el resto del apartamento, para rematar el trato con una entrevista sentada en el salón-despacho.Desgraciadamente para mí, la interesada era la de apariencias y  -como tendría oportunidad de comprobar más adelante- esencias monstruosas y propia de toda mujer desegurizada que no sabe ir a hacer pipí sola necesitaba de su consejera para decidir algo tan elemental como con cual de las dos habitaciones se quedaba y la consejera con notorias ventajas intelectuales sobre la anterior le trasladaba preguntas absurdas a su preguntante. En aquel momento, interesado yo en el trámite de cerrar el trato y rentabilizar una de las habitaciones  vacías, no quise deparar en el personaje que el cielo me enviaba. La historia de Ana de los últimos meses se podía resumir en económico-dependiente de un Pirmi paupérrimo, agredida por el hombre con el que había vivido,  maltratada por sus hijos, acogida en el centro de sta Coloma de mujeres  sin hogar. La nueva inquilina  entendió meridianamente las condiciones de uso de los aparatos domésticos, aunque al segundo día se cargó la cisterna del lavabo por tirar de la cadena demasiado enérgicamente y al medio mes quiso cambiar de habitación a pesar de ser un precio mayor. En seguida pude comprobar la tenacidad verbal de sus obsesivas declaraciones sobre su vida y tormentos.Si había una mujer planetaria que no aceptara un veredicto o una afirmación o un no por parte de otro, esa era sin duda Ana. Un sujeto gramófono-repetidor por excelencia,capaz no solo de repetir día tras día las mismas tonterías sino de hacerlo minuto tras minuto. De momento pensé que unas verborrágica tras extrema podría pararle los pies a Monchi el otro inquilino instalado notorio por sus conversaciones solitarias donde toda presencia de público se le hacía superflua. Cometí un grave error táctico: la obsesiva tardó poco en descubrir la locura del otro,especializado en una magia sin igual contestando con respuestas que no tenían nada que ver a lo que se le decía. (actitud ésta sea dicho de paso verdaderamente defensiva ante una repetititis como ella).Pero una compulsiva verbal antepone siempre la necesidad de la palabra, cualquiera que sea a su ética o a su compromiso, y tan pronto aparecía alguien por el apartamento que ella ya estaba queriendo darle al palique. Como casero de respeto y de método tuve que imponerme varias veces diciéndole que respetara mi tiempo y que no estaba dispuesto a oirla en el momento en que ella deseaba ser escuchada porque tenía otros asuntos en los que pensar o trabajar. Sucesivas insistencias al respecto acabaron por concluir en un ultimátum del tipo

-si sigues absorviéndome más tiempo te doy un preaviso de un mes para que te busques otro sitio. -Ante lo cual la loca de concurso lloraba la lágrima vital apelando a que no tenía donde ir-

Al poco de estar instalada pude diagnosticar su patología sin margen de error.Era imposible hacerle creer en lo contrario de lo  que sus sensores atrofiados por las palizas de la vida le indicaban. Para mí era una viva encarnación del no-ser siendo lo imposible.Todo miedo a no ser por su parte quedaba erradicado puesto que era lo que no podía ser.Su sentido real de vida pasaba por extender su lacrimógeno delirio del dolor por ahí donde quisieran escucharla. Su vida  parecía reducida a soportar sus síntomas de incontinencia urinaria,perfectamente correspondida con su incontinencia verbal. Todo su misterio existencial se resumía a los fardos,que no maletas,con bolsas de basura en los que metía su equipaje y su currículum. Cualquier asunto la desbarataba: una parálisis del frigorífico, los ruidos de motor en el patio de luz para la presión del agua, las macetas  de plantas en el balcón y el hecho de que no hubieran otras mujeres en el apartamento, lo que le llevaba a mentir a sus conocidos alegando que vivía con una madre y con su hija porque decir que compartía un apartamento con otro hombre llevaría a que sus recién conocidos locales pensaran de ella que ya chingaba como una descosida.

 Me pidió que diera cobertura a su mentira ante una denuncia policial que quería poner a su ex por hacer averiguaciones de donde vivía y por decir en la pensión donde estuvo antes que había tramitado los “papeles” necesarios para recluirla en un sanatorio mental.Además me pidió que la acompañara a la comisaria para no ir sola.

En mis adentros pedí clemencia a cielos e infiernos para no cruzarme en mi vida personajes de esta catadura, absolutamente desquiciados y bramantes, siempre a punto para pedir ser favorecidos y ayudados pero recatados para ofrecer sus ayudas.Esa individua no habría oído hablar nunca jamás de los cuerpos sutiles de la vida y del respeto a los hábitos y deseos ajenos y quiso confundir un apartamento de paso por la morada del sancti Spiritus,desde la que asomarse a la calle-carretera nacional a ver pasar los coches y a la vez a ser vista como un ovni en bata de estar por casa.En algunos intervalos de minutos,a la llegada y a la salida del apartamento,intercambiaba algún saludo amistoso sin ganas de prolongarlo mas allá de dos frases hechas y le preguntaba por su amiga Yoli por la que fue acompañada.Nombre mencionado que me equivocaba una y otra vez,llamándola Yoni quizás por alusiones inconscientes al Kama-sutra y a un deseo por una mujer glútea y acaramelante.

Cualquier plan que adopté´ para llegar al  apartamento:el sigilo y el esconderme en la habitación libre no surtió efecto alguno. Tan pronto entraba en el campo acústico de ella, conectaba su discurso imparable sobre sus innumerables problemas. Tuve que reconocer que mi apartamento a compartir tenía todas las trazas de una residencia psiquiátrica y que este monumento verborrágico había conseguido hacer callar al propio supermonologuista e incluso a decidir  una despedida temprana de su alojamiento en el lugar. Puesto que estaba harto del vaivén decisorio de aquel no me importaba su marcha. y en cuanto a ella empecé a preocuparme por la imagen y estela que dejara en el barrio. Tal como la veía,se trataba de una bomba humana con efectos altamente destructores. Bastaría con enviarla al Lectorium Rosicrucianum  para que acabara con su integridad en una sola tarde y podría ser propuesta  por los mossos de Esquadra  para desmantelar grupos como el de Rachimura en un par de horas.

Ya el primer día que hizo el traslado sucumbí a su solicitud de acompañarla con sus bultos desde dos calles más allá porqué estaba dolorida de la espalda.Efectivamente con menos de cincuenta años parecía una anciana a punto de ser absorbida por un féretro.La ayudé y caí en la cuenta de mi error nada más hacerlo, por su tendencia a colgarse de quien fuera con tal de no asumir sus propios asuntos. Me pregunté y pregunto en  que estarán pensando las instituciones y las asistentes sociales en asignar ayudas a personas cuyos problemas de vida social conectan directamente con sus patologías mentales. De otra parte ¿que otra cosa se puede hacer con una solicitante tan persistente como ella? Imagino que la funcionaria mas resistente acaba por sucumbir a sus alegatos.Ana,con su autoasignación de desgraciada, va hacía  arriba y hacía abajo con citas médicas que no entiende, y va como excursión mas repetida del lavabo a su dormitorio y de este a que para hacer sus pipíes sistemáticos.Entre pipí y pipí y con las luces del lavabo dejadas encendidas suelta sus rollos primigenios ante los que no importa si es escuchada. Su inteligencia de mosca no le permite deducir que si estoy en la mesa del despacho con carpetas o con libros o estoy trabajando no podía atenderla y aunque repitiera que solo un momento,para una ociosa improductiva como ella,lo ideal era tener un ser sacrificado a su verbo punitivo,una hora tras otra.

La mejor propuesta a hacer con este dardo mujer, era la de enviarla como instrumento sustitutorio de la silla eléctrica en los estados norteamericanos que la usan, para machacar a los pobres diablos reos de muerte.Sin duda  sus sistemas circulatorios harían c rack en pocos días y el gobierno podría jactarse de haber sustituido la pena capital por una conversación civilizada para reparar a los sentenciados.

Puesto que mis ultimátums de preavisos para dejar el apartamento (al mes de llegar)no surtían efecto empecé a temer por unas  condiciones potenciales de la clase de inquilina intruso que hay que darle el empujón final para su partida, dejándole las cosas fueras y cambiando la cerradura en el día de término. Esta es una escena hipotética desagradable a la que ningún casero quiere pasar pero al mismo tiempo es la experiencia que determina la madurez de todo hospedero que le toca bregar con lo peor-o lo que se le acerca- de la inmundicia humana. Y una escena que en la práctica todavía lo fue mucho más, cuando sus bultos volaron en cosa de  pocos minutos del balcón a la acera donde la clamante a grito escandaloso de las 10pm, molestó a vecindario y convocó a cuatro coches de la policía,cuyos usuarios uniformados cortésmente preguntaron si la inquilina había vivido allí y yo informé con un sí, relativo a una pasado que tenía trazas de prehistórico aunque hubiera sucedido quince minutos antes. Nunca más supe de la majara, que en el fondo,arrastrada escaleras abajo de un primer piso a la acera,para cerrar tras de sí  la puerta bien barrada, me llenó de conmiseración y pena. Tirada como un espantapájaros de trapo y serrín hizo de lo que era:loca ímproba gritando todo lo que le faltaba. Probablemente la policía la facturó para un manicomio y unas semanas después en una entrevista con su excompañero,redondeé los datos de una  biosomàtica desarreglada,que dentro de su  impactante rostro de espanto  y aliento de borracha, pudo hacer más daño del  posible,denunciando a ese ex por malostratos, el cual no negó algunos guantazos dados. La individua vivía para sufrir y hacer sufrir y de vez en cuando conseguía aliados piadosos que se ocupaban de sus ansiedades y tragedias, tales como la chica bombón o  la  regenta de un  mesón cercano, la cual me confesó los desvaríos de la  típica.Después de echarla por la vía rápida vino al apartamento unas cuantas veces a aporrear la puerta o a arrancar la etiqueta con mi nombre. Avisado de  que lo mejor con tales conductas es dejar que se extingan como un fuego aguado, permití el desfogue de su mala leche  convencido de que no tardaría en olvidar ese episodio existencial aunque no parara de repetirlo a cuanta gente quisiera escucharla en el futuro para conseguir un nuevo grupo de piadosas que la atendieran.  La locura  toma formas imprevisibles y parece ir unida a las desgracias extremas.  Yo me aparté de sus cochinadas y de su deambular de  penitente en pena. Pronto sería un mal trago dejada atrás en el camino de los olvidos. Y así fue. Solo una llamada telefónica de la policía nacional  haciéndose eco de la mentira de ella en cuanto a que se había dejado cosas tendidas en la azotea.Le informé que lo miraría pero que creía que no quedaba nada, como así fue. El propio policía entendería que no tenía objeto vehicular una denuncia a favor de ese personaje maltrecho, roto, mezquino, ruin y empalagoso, aunque todo su ser moviera a espanto y a llanto.  Para mis adentros pasar por la experiencia de echar de una forma tan violenta a alguien de casa me conmovió y dolió profundamente.No hacerlo hubiera significado pasar  aumentando mi frustración por aguantar toda la comedia bajo el amparo de hacerle un supuesto favor cuando de hecho me lo  deshacía a mí. La inquilina obsesiva dislocó el panorama doméstico  en pocos días y así siguieron las cosas mientras ella estuvo allí. en sus ratos de nostalgia callejera  seguía saliendo al pequeño balcón con silla y todo para otear a viandantes y vehículos como loca de postín o crespón de bandera, para hilaridad de conductores parados a la fuerza en el semáforo de la esquina.El adefesio daba la nota tal que ser visto con ella a la entrada del inmueble o en la acera próxima ya constituir un delito de estética. Me avergonzé de mi mismo al admitirla en mi territorio y su paso por el lugar dejó un mal sabor de boca durante una temporada además de su hedor impregnado en la pintura de las paredes. Un sujeto vesicular como ella debía mantenerse a distancia y sumergida en ácido sulfúrico o -a falta de él- en un tonel de colonia de lavanda, para poderla tratar como una persona de las de verdad.Mientras tanto solo cupo echarla como un saco de patatas podridas.

 

 

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Desfiladero de miserables

Por YASHUAbcn - 8 de Agosto, 2008, 1:09, Categoría: RELATOS

Un desfiladero es un lugar de paso obligado entre paredes montañosas altas que unen dos valles o llanuras.No sé como lo define el diccionario ni me apetece recorrer la páginas de las D,de las DE,de las DES para dar con la palabra en cuestión. Tengo la idea cinematográfica de lo que es por la empachada de pelis de indios  que de niño fui sometido los domingos por la tarde. El desfiladero era el lugar de las emboscadas.Bastaban dos guerreros para matar a cien enemigos provocando aludes de piedras o jugando a tirar al blanco.

 Para nuestra historia, el desfiladero del que voy a hablar es un punto ordinario en el espacio social, un punto cualquiera, anónimo y poco importante: un apartamento con tres habitaciones de alquiler -.que después serían reducidas a dos- por las que pasaron un puñado de infelices en una especie de concurso mudo de quien aportaba más desgracias. Yo había optado por la idea del arrendamiento mejor que por el alquiler del piso entero. Las habitaciones alquiladas permitían tener mi propio espacio en un apartamento sin  que me costara desembolsos. Pronto me dí cuenta de .la clase de personal que les podía interesar mi oferta: material de hospedajes baratos, sujetos de baja estofa, personajes de desperdicio, tarados, ineptos, vagos, borrachos, sucios, malolientes, mentirosos y como común denominador incumplidores de su palabra. Con mi principio crédulo de que una persona es su palabra y todo lo demás es filfa, no avancé demasiado.El mundo entero no está para esas filosofías esotéricas.El reverso de tal enunciado maximalizado me llevaba, una y otra vez,  al postulado contrario de que toda conducta humana que transgrede su compromiso no tiene categoría de persona.Si esto era así ¿Entonces con qué clase de elementos me tocaba entenderme? Sin ningún segundo para la duda: con una galería de majaderos e incompetentes.

 A pesar de iniciarme en el oficio de relleno con toda la prevención meditada no calculé todas las  eventualidades  y cada nuevo inquilino era un pozo de néctares en descomposición y gas metano emoliente del que retirar  olfato y mirada al primer contacto. Ciertamente la oferta no era de suites como para atraer  florinatas viajeras o  cremas sociales. Algunos profesores  nativos de idiomas extranjeros,vinieron a husmear pero no negociaron el alojamiento y casi todos los  interesados acababan siendo: asalariados por cuatro cuartos sin más estimulo en sus vidas que el ahorro, la barra de los bares próximos, el tabaco y la tele. Para mí era una paradoja lacerante, ya que en alguna ocasión había creído en el proletariado, es decir en proletarios y proletarias capaces de concienciarse de su situación y de rebelarse en su contra, y ahora las circunstancias me estaban proporcionando un coleccionario de psicotipos  para arrugar como papeles  superfluos con los que llenar la papelera.

Reviso mi percepción  de conclusiones tan categóricas y concedo una oportunidad  a un rescate de lo que pudiera haber de resto de dignidad humana en los retratos que  me dispongo presentar. Me digo que mi sensibilidad está herida y no cicatrizada por tanta inmundicia de la conducta de los individuos.Pero me detengo e informo al paso y pronto que no estoy ni dolido, ni herido, ni desesperanzado ante el relatorio de inquilinos que fui-y continuo- conociendo. Desde el primer día los tomé por eso: inquilinos, es decir clientes que veía como pagadores de una cantidad a cambio de un servicio (habitación más cocina y baño y servicios de suministros)y descartaba toda otra relación de entrada. Ya había heredado el aprendizaje de otros conocidos que alquilaron habitaciones con crasos errores en confundir inquilinos con amigos. Aún así algunas cordialidades y  alternes parecían inevitables y con algunos he compartido  ratos de hablas tontas y de bajo nivel frente a un par de cervezas, eso sí! inventariando siempre  cual era el turno de pago de las mismas. A grosso modo, ninguno de los mamarrachos conocidos me han encandilado como para tratar de retenerlo o de saberle la vida o la profesión en profundidad. He alcanzado  la moraleja sabia, de que a un inquilino cuanto más claras le digas las cosas el primer dia para no tener que  volver a hablar con él en lo sucesivo, tanto mejor.Ese es mi imaginario, porque en la práctica nunca quedan claras las cosas y el nuevo inquilino es un asentidor a todo lo que le digas, que luego contradecirá parte a parte sin olvidarse una coma. El mejor inquilino no existe.O dicho de otra forma:el mejor inquilino es el exinquilino, el que se ha ido o has emplazado a que se vaya.

Todas las estrategias para hacerme entender en las cuestiones más superelementales de higiene y uso de las cosas han fracaso estrepitosamente. En tanto que el precio es fijo,al inquilino no le importa pasarse con los consumos y gastos (una lavadora para un par de calcetines o las luces dejadas abiertas todo el día sin estar en casa).El inquilino sabe que alquila una habitación porque es un transeúnte o porque no puede permitirse alquilar un apartamento y su valor. Desde ese momento el casero está en desventaja. Aquel va al terreno de éste y es éste quien impone las normas, le gusten o no al otro. Se trata de una relación desigual desde el primer momento que puede ser interpretada como injusta por el que tiene que pagar.Tal supuesta injusticia resulta contrarrestada con creces por el plus de sufrimiento a cuenta del que tiene que alquilar. Si se descuida, el casero puede encabezar la fila de los perdedores por ser relegado a un denostado por  la clase de fulanos que le van llegando,tal como denota la mínima pero suficiente estadística que he podido hacer. En efecto, un cierto azar impera en quienes contactan interesados por una habitación de alquiler en un piso pequeño en una localidad metropolitana.Ese azar en lugar de haberme proporcionado una de cal y otra de arena, me ha sometido a sacos terreros repletos de piedras, uno tras otro.

Por la galería de retratos ha pasado algún personaje más simpático que otros o que recuerdo de nombre sin tener necesidad de consultar el fichero.Eso no le libra de los calificativos antes expuestos. Pero de todos los locos diferencio entre la categoría de los soportables y de los insoportables.Se trata de una cuestión de distancias mentales y físicas, algo que constituye un criterio universal para las relaciones humanas: con unos humanos te ves de una acera a otra; con otros,solo mantienes contacto telefónico o postal, con unos terceros hablas entre dos a cuatro metros de distancia, con unos cuartos admites que te invadan tu espacio vital estando a menos de cincuenta centímetros de tu cara, y finalmente,con unos selectos admites que no haya separación entre su piel y la tuya y puedes hacer un habla más intima.

Si la prevención ya a priori con la gente por conocer era total ¿porque razón -me pregunto y puedo ser preguntado en lo mismo- me había metido a ese asunto? Solo hay una y solo una razón: la económica.Si pudiera prescindir de inquilinos no los tendría o no los tendría en un espacio que me toca compartir con ellos,aunque mis entradas al baño o a la cocina del apartamento dedicado a ello sean mínimas. Pero en no pocas ocasiones  ha sido suficiente con cruzar el umbral de la puerta para verme abofeteado por  pestilencias sudorosas y nebulosas humeantes, a pesar de los sendos carteles de no fumar en las piezas de uso común como el baño o el hall o la cocina. Al mismo tiempo guardar una relación´ por meses (y en algunos casos por varios años) con una figura humana al lado que no tiene más valor contractual que  poco más de cien euros de beneficio que pueda dejar es todo un baño de realismo práctico. Ha sido así como la observación del desfiladero en  un pequeño terruño de cincuenta metros cuadrados ha venido proporcionando suculencias nada exquisitas pero muy densas de los vericuetos humanos cuando no hay otro interés reciproco que el  de sacar beneficio a un espacio, que dada la verdad del inmueble tampoco serviría para mucho más. En un desfiladero de desgraciados el que está apostado -yo- observando desgracias ajenas , seguramente también esté exento de gracias para tener  que compartir su espacio con una cierta chusma, que es el target objetivo que viene a consumir su oferta de  habitaciones de alquiler.  anuncio por cierto nunca de ltodo susituido por el de Rooms for rent que podria permitir  presumiblemente gente más viajada, culta, conversacional y transitoria.

El desfiladero también proporciona un observatorio privilegiado tanto de enstulticias viscerales de la humanidad doméstica de inquilinos como de sus manías, obsesiones y esfuerzos por abrirse pasoen medio de la vida salvaje de todos. Yo no quedo al margen   de las salvakjadas desde el momento en que  la única relación que admito es la de la entabilidad mutua, dejando para la hipotesis remota otros encuentros de intimidad.

 

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La Tesitura del casero

Por YASHUAbcn - 8 de Agosto, 2008, 1:06, Categoría: RELATOS

El  casero  es el supuesto sujeto prepotente, propietario e innecesitado de supervivencia. Tan  puesto él, en sus trece y en sus credos, que se limita a recoger los réditos mensuales, mes tras mes, producto de alquileres, cuanto más altos, mejor. Es por antonomasia un individuo insensible y cruel, maquinando siempre las fórmulas para sacar a su tropa de inquilinos repartido por innumerables inmuebles y apartamentos alquilados, hasta el último céntimo, que ellos consiguen fruto de sus jornadas duras de trabajo, sáunicas y sudorosas. Pertenece a una casta de privilegiados que no necesitan currar para vivir, ancha-es-Castilla, y que todo lo que les pagan sus inquilinos es dinero límpio solo usable para el gozo paradisíaco de  tipos como tales que ni personas merecen ser llamadas. Se sabe de ellos que han auspiciado políticas de derechas y conservadoras. Incluso en el movimiento reaccionario tras el alzamiento de la comuna de Paris, hace de eso ya mucho tiempo, los caseros formaron huestes pidiendo la muerte de aquellos osados inquilinos que se  atrevieron a  sumarse a la rebelión, pidiendo igualdad para todos y derecho social a una vivienda digna para los menesterosos. En resumen, el perfil político y psicológico del casero hay que  deslindarlo con pinzas. Y quiérase o no es alguien que frente al inquilino tiene algo que ofertar que éste no tiene: el espacio donde alojarse. Tiene pues una condición de ventaja. Tiene algo que éste le pide. Y si se lo pide, hay que también decir, es porque sabe lo que vale un peine.

A menudo los nativos de un lugar devienen caseros, cuando no industriales turísticos, por el solo hecho de estar ahí antes, y ser reflotado el sitio como coordenadas de admiración, de visita y de usos y abusos. Donde hay gente pidiendo algo que no  tiene, sea lo que sea, en su origen o en su lugar de vida,  quien lo tenga se hace rey del mambo en menos que se disuelve una pastilla de magnesio en agua  de cloro.  Pero esa condición de ventaja -piénsese en los oriundos frente a los inmigrantes en cualquier zona dada, o en los estáticos frente a los transeúntes y viajeros, o en  los

quiosqueros frente a manadas infantiles italianas con mono de chucheradas y pipas- se convierte en un ultraje a los necesitados de necesidades básicas tales como techo o vivienda, los cuales sino tienen con que pagar lo exigido, son condenados al duro  suelo de las aceras  o a las filas sopabóbicas, mientras aquellos apartamentos que no han podido alquilar por falta del vil metal siguen vacíos y sin dar cobijo a nadie. Sin duda este gremio caseril repleto de gánsteres y especulativos con la miseria humana merecen tirones de orejas a los estilos escolares parafranquistas y si no aprenden, pues cabría probar sumariamente con  horcas de cáñamo en la plaza mayor. En resumen, caseros igual a chusma impía. Con lo que lógicamente pueden surgir inquilinos inspirados en el zorro justiciero para dejar marcas espadachinas sino en las frentes afrentadas de aquellos, sí en los enseres, paredes y mobiliario del apartamento alquilado, cuando toca fin de contrato y los usuarios remolonean  para  tocar el dos. Pero ni todos los inquilinos son trigo limpio ni todos los caseros son gente de mal. En los textos  que  van a seguir a éste hay una colección de  interesantes alegatos de un casero que se  considera afrentado (¡vaya por dios!) por sus inquilinos vengativos. Su lectura atenta es recomendable tanto para unos como para otros,  también, para parientes de ambos, así como para agentes municipales, gestores inmobiliarios, huéspedes de pensiones, serenos (si queda alguno), voceros y pregoneros -para que lo vayan diciendo por ahí-, miembros de la real Academia y toda clase de conserjes con tiempo libro para leer novelas mientras los funcionarios curran la gota sudorosa en sus puestos al frente de oficinas o aulas; así como por cristaleros, lampistas, plomeros, cerrajeros, pintores, albañiles, carpinteros, metalisteros, telefónicos y vendedores de libros a puerta fría.  Feliz lectura pues y una última recomendación: no hay ningún mal que por algún bien no venga.

Un casero por el hecho de tener algo de patrimonio para alquilar corre riesgos considerables. Alguien le habrá recomendado que antes de alquilar pida informes y que se asegure de pedir una cierta cantidad de fianza de al menos dos meses a devolver con el cese del contrato de arrendamiento. Y seguramente habrá pensado en los pros y contras de desprenderse de una parte de su patrimonio aunque sea para una temporada a cambio de una contraprestación económica asumiendo los riesgos de que su local, establecimiento o casa puedan ser dañados. Los prolegómenos para llegar a un acuerdo con posibles inquilinos no van a pasar de unas citas concretas para hablar del asunto en concreto. Al fin y al cabo se trata de alquilar no de dar la mano de alguien o de comprometerse a una aventura transoceánica a nado.  Una vez tomadas las medidas oportunas y fallado el acuerdo por ambas partes confiará en que el inquilino pague puntualmente la cantidad establecida mensualmente dentro del plazo inicial de días de cada mes y dará por supuesto que tendrá un comportamiento adecuado, o sea que no se subirá con los zapatos embarrados encima del sofá, no pintará las paredes con eslóganes, no empleará los muebles del salón para sus barbacoas, no pondrá la música en alto hasta las tres de la mañana o no organizará guateques ruidosos. Evidentemente cualquier suposición puede resbalar en falso. Pronto aprenderá que no hay que suponer nada a priori y que será solo a posteriori se pueden confirmar las conductas. Lo esperable no siempre es lo sucedible y hay inquilinos que van de auténtico kamikaces dispuestos a destrozarlo todo con motivaciones vengativas o por padecer de excesos nerviosos.

Puesto que yo había sido la mayor parte de mi vida inquilino que había alquilado varios apartamentos y compartido una considerable cantidad de otros, alquilados por compañeros y conocidos, tengo un cierto conocimiento de la personalidad del usuario de una propiedad que no es la suya. La perspectiva cambia completamente cuando el espacio utilizado es aquel al que legalmente se está vinculado, por el cual se deben pagar impuestos y asumir los costes de las reparaciones del edificio donde está ubicado. La perspectiva del casero tiene poco que ver con la del inquilino. Este quiere mantener los precios de alquiler lo más bajos posibles y aquél quiere subirlos para rentabilizar su cesión o a cambio de aguantar extraños metidos en su patrimonio, a veces, para siempre o sin perspectivas de abandonarlo a corto plazo.

Me estrené como, casero en otoño de 1995, recuperando un pequeño apartamento de unos 50 metros cuadrados que venía siendo utilizado por unos inquilinos por 5 años y que desde hacia dos podia haber dispuesto de él por vericuetos de herencia familiar. Su recuperación no fue sencilla a pesar de que legalmente tenía opción a su uso.

 

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El hombre que hablaba solo

Por YASHUAbcn - 8 de Agosto, 2008, 1:01, Categoría: RELATOS

Debuté en mi carrera como casero con Monchi. Yo esperaba dar habitaciones a estudiantes y preferiblemente a chicas, pero en lugar de ello vinieron a mis reclamos unos cuantos profesionales con ideas inconcretas sobre el tiempo de estancia en el apto interesándose por mi oferta.Uno de ellos,el mencionado que sirve de intitulo,empleado de la Telefónica se convirtió en mi primer inquilino.Se definió a sí mismo como un transeúnte y acató  las condiciones, incluida la de solo fumar en la cocina  un pitillo después de las comidas y  los que quisiera en la habitación particular. Respondió que no a mi pregunta obligada de si era bebedor y con un tampoco si tenía alguna manía especial que debiera conocer.

 Su perfil taciturnico y altamente economizador de sonrisas le dieron  un talante particularmente cinematográfico desde el primer momento. Le di la habitación pequeña por un precio que en seguida resultó ser muy bajo 15mil mensuales+2mil de gastos. Puesto que mi huésped no se caracterizó por ser especialmente higiénico y desarrolló avanzadas técnicas de embadurnamientos grasos en la campana extractora y en los armarios y mármoles de la sala de cocciones, opiné que debería ser contratada una limpiadora una vez por semana y que eso debería ser costeado entre los residentes.Enseguida  entendí que la alternativa no era ésta y que ser casero pasa por declamar la cartilla de vez en cuando,dada una tendencia innata del inquilino a acogerse a las cláusulas no escritas de la ley del mínimo esfuerzo.Y que hay que limpiar suelo y paredes de un modo tan intenso como frecuentes sean las producciones detríticas.

Monchi se distinguió por un discurso compacto y repetidor sobre sus personajes favoritos:Charito y Barberá que no cesaba de mencionar y de asociar a complejas anécdotas de tiempos pretéritos de su vida. Con el paso de los meses su soltura verbal y su toma de confianzas le llevó a su placer preferido: estar tumbado en la cama en actitud de enmusarañamiento, incrementando su nebulosa de humo y sumido en patéticas disertaciones monologares sin principio ni fin.Comprobé pronto que lo menos importante era su interlocutor presencial. La falta de público lejos de desmotivarlo en el habla se la incrementaba, pareciendo que le bastaba alguien en la primera frase de su monologo para luego seguir imparablemente con los cientos de fases posteriores. En más de una ocasión pude observar como lo dejé con la palabra en la boca por  entrar en el baño y seguir con ella a la salida, o al salir y volver del apartamento con intervalos de tiempo largos. Mis esfuerzos por hacerle comprender que hablar sin la presencia del  supuesto escuchante no tiene sentido, no tuvieron ningún resultado. Decidí que su método de pasar el rato era tan válido como el de cualquier otro y mientras se tratara de un loco inofensivo su condición de usuario de apartamento era tan respetable como la de cualquier otro. Puesto que el resto de sus actividades parecían autónomas y su disfunción quedaba limitada a una compulsión verborrágica no me preocupé en exceso aunque el paso de los meses y su presencia fantasmática consiguieron que le tomara cariño. Por supuesto fue tomando sus desarreglos como algo normativo y sistemáticamente mantenía la puerta de su habitación abierta invadiendo su nebulosa húmea al resto de las estancias. Por supuesto siempre me mantenía en vilo sobre cuando se iría no ajustándose al mes anunciado y por supuesto seguía especialzándose en sus pringues culinarios, que a pesar de todo no socavaban su abdomen  a juzgar por una analítica de sangre que me mostró que lo colocaban con la energía de un toro. (!Todo un desafío empírico para los naturistas!). También comprobé que su bola no deliraba tanto como a primera vista parecía y que era capaz de responder a preguntas y a seguir en cierta manera un hilo conversacional. Lo cierto es que retenía las cuestiones importantes. En esencia su filosofía podía resumirse en que nada tenía sentido en la vida y que por consiguiente no necesitaba la confirmación de los demás en modo de afectos, honores o correspondencias. Su disponibilidad solitaria lo transformaba en un postmoderno gregario,quizás en el hombre de mármol mejor versionado pretendido por Wajda. Con su compromiso y su entendimiento preclaro no se podía contar nunca del todo y a veces sufría el riesgo de ser interrumpido en una entrevista con su súbita aparición y su cuelgue pegamentoso  que de entrada resultaba insólito para cualquiera y de pronto se convertía en una extrañeza  de la comunicación. Con el progreso del trato debo de confesar que su estrategia por zafarse de las comunicaciones inútiles o de las intelectualidades hipertemáticas resultaba operativa al contestar con absurdidades cosas que no le interesaban para nada. Su alto nivel de inteligencia y su perfil de candidato probabilístico de alguna esquizofrenia sutil lo distanciaban en  mucho de la banalidad cotidiana prefiriendo instalarse en la contrabanalidad de su Charito y de su Barberá. A pesar de todo su galimatías incomprensible adivinaría la distinción de la casa en la que había caído y de su mánager. En todo el tiempo que estuvo (repartido en dos temporadas esperando siempre que el automatismo de su central lo enviara a otra ciudad destino de la compañía,con la que hacer atrocidades y descalabros en sus futuros oyentes mareados)no recibió ninguna llamada personal, ninguna carta, ninguna visita, salvo alguna conexión por hilos de plata que tuviera con mensajeros galácticos.

Con todo fue siempre un perfecto pagador y un sustituidor a medias de las cosas que rompió. Con los meses recorrió las 3 habitaciones obteniendo finalmente en tercer lugar  la suite donde no paró de repasar todos los LPs que yo había coleccionado y que humildemente sometía a su impecable auditividad. Su habilidad para romperle las pelotas inocentemente a cualquier otro sometido a su campo acústico estaba fuera de dudas cuando ya antes con el cassette Natura de Cassidy le dio docenas y docenas devueltas para empaparse de su sibilino contenido.

Monchi no fallaba ni un solo día a su trabajo a unos 5 kms de donde estaba alojado.Para ello utilizaba un camión caja para sus desplazamientos. Cuando quería repartir sus energías se desplazaba hasta un terreno que había comprado en una urbanización a medio hacer en Collbató o Corbera. Yo me deshice departe de mis maderas y se las regalé a él para promocionar su cabaña en proyecto.Otras tentativas en serio para sumarlo a la relación pública y social,de la que creo era un agorafóbico, resultaron fallidas.Una determinada noche lo estuve esperando a cenar en vano.De hecho tomar en serio cualquier compromiso por su parte resultaba una total majadería.

En el fondo de su yo automatizado debería respirar un ser sentimental y con fallas afectivas considerables.Su dureza filosófica y su absentismo mental permanente le daban un especial atractivo senecal. Sus facultades para el cálculo y su predisposición a sacarle los números a todo dando un verdadero espectáculo con su aritmomanía lo convertirían en un caso de laboratorio.El no reconoció a necesitar ningún tratamiento ni ser un patológico de campeonato.En todo caso mientras no fuera un patógeno contaminante del entorno podía seguir de lánguida figura en sus aposentos.Alguna vez jugamos a ajedrez y algunas otras compartimos la minúscula mesa de la cocina para comer juntos.

En cierta ocasión que padecí un fuerte dolor de muelas me pasó una poderosa pastilla que al diluirla en mis encías advertí  su carácter corrosivo que estuvo a punto de escacharrarme toda la mandíbula. Supe luego que el solo tomaba un par de clases de grageas,recomendadas por su padre, al parecer  avaladas para cualquier clase de dolor y que quedaron en su haber como único heraldo cultural de la familia. Un tiempo después me confesó que el elixir bucal que usaba después de enjuagarse la boca en lugar de escupirlo se lo tragaba y que esto le calmaba los ardores.

Me pregunté que debería hacer en caso de encontrarlo un día difunto en la cama por perforación estomacal y con agujero prolongado en el somier de la cama a modo