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Las Tres Gatitas

Por YASHUAbcn - 3 de Junio, 2008, 15:06, Categoría: RELATOS

 

En el género del cuento infantil más que en ningún otro, el vuelo imaginario empaña la escena totalmente. Claro que es muy distinto el cuento de los grandes y floreados dibujos para la primerísima infancia, a los de las letras gordotas y con dibujos ilustrados, al de los cuadernos fantásticos,donde pesa más la escritura que lo diseñado.

No es un género fácil, y especialmente lo es para quien esté viciado con las construcciones gramaticales para adultos. Hay que pensar como un niño para escribir cosas para niños.

 

Escrito en conmemoración de   “Rondi” (Rondinaire) y “Michi” (Michigan),dos gatas que convivieron con el autor  aproximadamente en 1984 .

 

Yari era de las tres la más juguetona y también. la que más maullaba Era la más pequeña e inquieta y sus ojos no paraban de mirar de un lado para otro, atenta a cualquier pequeño detalle, como una exploradora de contornos y circunstancias, como si de sus observaciones dependiera su futuro y su vida. Era una observadora nata. Eso le daba un cierto aire intelectual que hacía juego con el color gris metalizado de su pelo, moteado con algunas rallas negras. Un día cualquiera, frente a la estufa  como solía pasar las tardes de febrero  comentó a las demás:

 

-Uy  chicas, hoy me estoy aburriendo como una ostra. No hay nada  para  hacer.

 

-¿es que no te gusta el calor hijita? -le repuso Michi que era la mayor de las tres y la madre de la anterior-

 

-si mami,¿pero es que no hay otra distracción aparte de apalancarnos en la estufa?-volvió a quejarse Yari-

 

-Bah! dejaros de comidas de coco y no habléis alto, que igual nos desconectan la estufa eléctrica -intervino Rondi, la más práctica y vaga de las tres-

 

Rondi ,una escuálida siamesa, no tenía ningún parentesco con las otras dos. Era  una huérfana que había estado deambulando por los patios del barrio, antes que la acogieran en casa de Yari y  Michi. Lo cierto es que Yari y Rondi enseguida hicieron muy buenas migas. Las dos se daban lengüetazos y se decían miarramiadas jugueteando festivamente, mientras la atenta Michi les hacía de mamá igualmente a la una que a la otra. Pero Rondi, con su tripita colgante por algún problema intestinal, la postraba con más frecuencia que a un gato habitual. Ponía cara de rumiante y ojos beatos, con la mente colgada en algún pensamiento extraño mientras simulaba dormitar.  Posiblemente, sus orígenes callejeros la habían marcado para siempre y aunque fueron pocas semanas las que estuvo sin familia y sin hogar, eso le dejó unas influencias que se notaban visiblemente. Solía estar más tumbada y  era más práctica que las otras.

 

Rondi siguió arengándoles sobre las virtudes del ocio, y así la conversación fue llenando el tiempo de sobremesa. Como otros muchos días, las tres gatas empleaban la mayor parte del tiempo en estar tumbadas. Michi sabía que su trabajo consistía en no trabajar y en actuar como estatuas móviles:un rato aquí otro rato allá, como si así decoraran el lugar. De hecho, Michi era una abigarrada gaetaza sin pedigree,pero llamaba la atención. La única de raza-raza era Rondi pero su tripa colgante a modo de pellejo donde no poderlo meter, junto a sus bigotes desganados y sus labios mojados, le daban un aspecto poco atractivo, y las visitas a casa  solían centrarse mas en las otras dos que en ella. Pero a Rondi ya le iba bien que la dejaran en paz, así podía dormitar más y mejor o dedicarse a su filosofía gatuna, preguntándose los por qués de las cosas y el sin sentido de la existencia mundana.

 

Y como otros muchos días, cada  una tenía sus rincones preferidos para  hacer sus estremecimientos de gusto y sus siestas de quietud y sus posturas que inducían a la caricia. Pero cada una tenía su propia personalidad. Yari se solía quedar patidifusa con las cuatro patas hacia arriba y el abdomen al descubierto, el cual no la molestaba en ser tocado. Michi, invariablemente apoyaba su mandíbula sobre una de las patas y abría siempre un ojo al menor ruido y Rondi quedaba hecha un ovillo, mas propio de un erizo que de un gato ,pero así se sentía protegida al máximo y también conservaba el máximo de calor en su cuerpecito. A menudo se las veía revueltas unas encima de otras y revueltas, ordenando sus extremidades según su preferencia. Bien mirado, parecían muñecos de trapo con arena que se quedaban quieta allí donde caían y tal como caían. Uno de sus lugares preferidos  y valorado como un paraíso privilegiado,  era  la cama de sus dueños, donde se encontraban más a gustito y más protegidos .Pero en cualquier otro sitio se lo hacían bien. se enroscaban y dormían largos sueños, y cuando se encontraban muy, pero que muy bien, entonces babeaban y runruneaban: signos inequívocos de la dicha felina.

 

Las tres constituían un cromo perfecto de felicidad y su única responsabilidad durante el día era la de incorporarse de sus lugares, para recibir a los habitantes humanos  de la casa, que  también eran tres: un matrimonio y su hijo. Había que saber tratarles. sabían las gatas que para el hombre mayor bastaba un par de de  aulliditos en forma de hola-hola para que contestara con su habitual -ah estáis aquí bichos-,pasando su gran mano acariciadora por el lomo, para inmediatamente a continuación encerrarse en el despacho y  continuar con su trabajo de oficina. Ah!el despacho, éste era un lugar que les estaba prohibido, aunque Yari transgredía la prohibición y se metía en un cajón semiabierto para sumergirse en sus meditaciones. Lugo estaba  la mujer, una madame que runruneaba con los tres como si hiciera prácticas de diálogo tras un curso de aprendizaje de la lengua felina. Y por último, el niño que las  llevaba de un sitio para otro, cogiéndolas por el rabo, por la piel, o por la tripa, para  tratarlas como muñecos de peluche. Cuando  ya estaban hartas marcaban el territorio dejándole una zarpadita en el lomo de la mano para que el criajo aprendiera a respetarlas, ante lo que invariablemente la madre le decía:

-Ves lo que te pasa,por molestarlas tanto!

 

Y ellas ufanas se sentían protegidas en  aquél Paraíso que tenía de todo: comida y agua a sus horas, la televisión puesta en sus programas preferidos (por lo habitual los dibujos animados,a los que el niño estaba pegado como una lapa) y rincones tranquilos a salvo de las inclemencias y peligros de la calle.En realidad su universo se limitaba a aquel territorio, y de puertas a fuera no les interesaba ni los árboles, ni los bosques, ni mucho menos la calle,llena de autos,barridos y humos. A lo más que se atrevían era salir a la terraza desde donde se divisaba una panorámica estupenda de  una ciudad de locos,pero nunca salían mas allá. Michi años atrás había explorado el tejado y pasado por la cornisa hasta la vivienda de al lado.Allí es donde conoció a un gato macho con el que se hicieron novios, relación dela cual nació Yari.Aquel gato cada dos por tres recorrió varios metros de cornisa de no más de 10 cms de ancho para venir a visitar a Michi.

 

En uno de esos trayectos,el grande y pesado de novio,resbaló y se desprendió al vacío, -con tan mala suerte que le pasó justo en el momento en que pasaba un taxista a toda pastilla,de los que tienen deformación profesional-porqué los gatos aunque no lo parezca también pierden pié y se caen a veces. Nunca volvió a venir  para contarlo. Posiblemente quedó despanzurrado contra la acera y dejó a Michi desconsolada y viuda a una edad prematura.

 

Al principio ésta salía a la terraza sobre la hora en que solía venir de visitas.Luego al cabo de unos días cuando la vecina de al lado,habló con la señora de su casa,con la foto de su gato querido con un crespón negro,comprendió lo ocurrido. Se dijo que las gatas no lloran y no lloró,pero sus ojos quedaron legañosos por un tiempo. El niño dela casa la cuidó santamente aplicándole cataplasmas con agua de manzanilla a sus ojos,porqué se temía por una infección. Michi se confortó con su suerte y  aprendió aquella palabra, la de destino, que lo disculpa todo.

 

La familia de la casa la sobremimó durante un tiempo,con un pobreta-pobreta continuamente,hasta que ella harta de tantas manos mimosas,se escondía de los gestos humanos,metiéndose en armarios y debajo de las camas.

 

-ey chicas, en pie que ya viene la gente -ordenó Michi al atardecer,después de que sus huesos enquilosadas necesitaran un poco de movimiento-

 

-Oh,colegas, viene el terror -maulló Rondi, ante los gestos rápidos y estudiados del niño:cartera del cole tirada sobre el sofá y apalancamiento sobre el grupo de soñadoras estufadas.

 

-démosle  cinco minutos de manoseo por hoy que es viernes, y luego huida al sector de dormitorios -dijo Yari que conocía perfectamente las puertas que no quedaban bien cerradas y los lugares donde se ponían a salvo.

 

-ñigo,ñigo,chuqui,chuqui,miorrius cucas,cuquitas,bonitas,calentitas mías -decía el niño mientras las tres ponían sus caras de bonitas electrizando sus cuatro pelos bigotudos.

 

-toqui brafa carrasca,miatus miates,pendonas culinarias -continuaba discurseando el niño en una síntesis de lo aprendido en la escuela durante el día-.

 

-miau,miau,miau,decía cada una en un tono distinto,advirtiéndole:no te pases de la raya o te dejamos otra señal. hasta que el niño era agarrado por su madre para ponerlo a la mesa o ante la televisión: único aparato que podía atraer mas la atención que ellas mismas.Libradas de él,las tres se levantan moviendo la cola para que la mujer,les pusiera un tazón con sus crepes favoritas.Y al comerlas descosidamente las tres se miraban de reojo para decirse en pensamiento: ésto sí que es vida .

 

 

 

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