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La famlilia politica y la fractura convivencial

Por J.Sar - 29 de Junio, 2009, 16:14, Categoría: LaNOVELAdeLaVIDA

La familia politica y la fractura Convivencial. J.Sar Daniola

Yo había pronosticado que si alguna vez rompíamos mi compañera actual  y yo sería debido a su familia, pero no porque esa familia interviniera en nuestras vidas tratando de influirlas o dominarlas a su conveniencia o porque me  descalificara a mis espaldas (algo, que de suceder, en todo caso nunca me enteré) sino por el tipo de actitud que mi compañera tenía hacia ella. Hija de una clase social media alta pero con autobombo de abolengo y de un pasado perdido (con tierras confiscadas en Cuba) con un montonazo de hermanos y hermanas, todos, menos uno o dos, bastante mejor posicionados económicamente que ella y, por tanto, que nosotros eran una especie de clan que cuando se encontraban lo primero que hacían era repasar o preguntar por los miembros de ese clan. Dada la magnitud familiar y su reparto por distintas partes de la geografía del país tuve oportunidad de tratarla y conocer a una cierta cantidad de miembros. Me sorprendió desde el principio su total falta de curiosidad por quién era yo, sus no-preguntas orientadas en este sentido, tal vez para no molestar o porque ya tenían las respuestas mentalmente construidas y no necesitaba verificarlas. Sospeché que se trataba de gente discreta, lejos de pasiones y que con una primera ojeada ya te adivinaban. Creo que me sentí incómodo desde el primer momento que participé de alguna convivencia con ella. Nada extraño en mí, dada mi tendencia proverbial a la autoexclusión y a mi tendencia tangencialista con la mayoría de mis congéneres.

Antes de conectar con la parte mejor posicionada  de la familia, lo hice –todo un indicativo de mi parte- con el hermano más pequeño del grupo y a la postre el más arruinado (trabajos inestables,  fumador de haschish y de tabaco, desaseado, nada  efebo, arbústico,  que vivía en un apartamento de un barrio con presencia gitana en Madrid) periférica junto a una de sus emes ya a la salida. Me cayó bien y me seguiría cayendo bien durante las siguientes visitas hasta que  comprobé que tenia la misma mentalidad que el resto del clan pero con limitaciones materiales para llevar a cabo sus sueños, si es que tenía alguno, pero era un asiduo de efemérides en invitaciones con un carácter endiablado  y en el fondo un afectado del síndrome de desconsideración. En nuestros viajes por la geografía hispana y el paso por Madrid  usábamos su apartamento (a la postre ayudándole a comprarlo mi compañera) a la ida o la vuelta. La última vez que lo hicimos fue cuando nos los encontramos con un solo (un griterío porque estuvo montando guardia en una plaza para que aparcáramos) que me hizo tomar la decisión de no volver a ir. Si eso pasaba con el chico que creía más de nuestro estilo ¿qué iba a suceder con el resto?

Poco a poco fui conociendo de la mano de mi pareja ese tan numeroso grupo llevándome no pocas sorpresas por sus formas y maneras: monopolistas de las conversaciones, monotemáticas o plastas, superficiales, con opiniones predominantemente de derechas, españolistas e incomprensivos de las cuestiones nacionales minoritarias, enviadores de sms horteras pero que en conjunto vivían bien y tenían pasta y hacían gala de su pedigree. Algunas de las hermanas eran expertas en conseguir dinero de la compañía aseguradora del hogar o consiguiendo su prejubilación anticipada.

 Mi compañía tenia verdadera devoción por su familia y quedó muy claro  para mí (con el tiempo lo iría verbalizando más y más) que era intocable no pudiendo extender mis apreciaciones críticas de ella. Cada vez que lo hacia o cada vez que tuve algún enfrentamiento con alguno de ellos eso repercutió en mi relación privada. No es que mi pareja no estuviera de acuerdo con las objeciones en concreto o no se diera cuenta de los detalles que yo señalaba pero no quería darme más cacha dándome la razón o añadiendo leña al fuego con sus propios análisis. La familia era lo primero, estaba antes que yo y seguiría estando después de mí. Cuando uno de sus miembros aparecía, el clan lo tenía que acoger. Yo me desmarqué de eso o me resistí a variar mis citas o hábitos para  recibir sus visitas como una prioridad. No así mi compañera que los visitantes aún sin previo aviso eran lo fundamental. Lo cierto es que tanto en Madrid como en Barnápolis yo demoré todo lo que pude los contactos con ese grupo. Cuando paulatinamente fui conociendo a una extensa sobrinada, mis hipótesis de qué podría ser mejor por tratarse de una generación más actualizada, me equivoqué de plano. Conocí a verdaderos fachas. Uno de ellos estuvo en casa con nuestra acogida abierta mientras enviaba a su lista de correo un texto anti catalanista. Fue el fin de semana tras los atentados de Atocha que se los impugnó a ETA. Cuando le discutí ambas actitudes eso puso fin a nuestra relación. Ese también era uno de los chicos que parecía tener más cualidades. Con otra sobrina nos dejó plantados en el aeropuerto internacional donde debía venir a recogernos con nuestro voluminoso equipaje.  Eso después de tener un trato cordial con ella, haberla invitado varias veces y haberle prestado nuestro coche (que por cierto nos había devuelto con algún roto). Otro de los sobrinos con el que nos tratamos bastante, que vino varias veces a casa y que fuimos a visitarlo a las suyas en distintas ciudades, siempre que hablaba se dirigía a mi compañera nunca a mí. Trabajaba de informático pero era un tonto de capirote y con muchos complejos que lo inhabilitaban para la relación social. En cuanto a los hermanos tenían mucho de bocazas (muchos yo tengo y pocos yo soy). Alguno de ellos parecía leer mi pensamiento ya que al no hablar ni hacerle acuse de recibo de sus fanfarronadas ya me pisaban las frases que pudiera haberles dirigida. Yo soy un gilipollas, me dijo uno de ellos. No te voy a discutir le contrario le repuse. Una de las primeras cuñadas que conocí desmontó la sobremesa en un restaurante empeñándose en hablar despectivamente  de mi tierra de origen. No es que yo fuera ni antes ni después catalanista pero tuve que cortarla: Tú lo has dicho es un país distinto que no puedes entender con 4 días de haberlo visitado, le dije zanjando el tema.

Todas las familias políticas son un escenario de añadidura. Es gente que te toca conocer porque viene como un proceso derivado. En condiciones normales por la hipótesis o la verificación de los encontronazos ideológicos no se te ocurre tener un segundo contacto con alguien que va de otro palo y con quien sabes que no te vas a entender  ni ahora ni dentro de 30 años pero al tratarse de la familia de la persona a la que quieres y con la que convives, las posibilidades de las coincidencias  con gente que no deseas aumentan  considerablemente, La familia de mi compañera no tenia/tiene ningún desperdicio para convertirla en material literario de exploración y sacar todos los hilos que contiene. Le tardó un tiempo en entender que en todo grupo humano la heterogeneidad es un hecho y que a partir de un volumen numérico se dan los porcentajes sociales que rigen en otros grupos humanos del país. Es así que para una familia pía y moralista como la suya con ínfulas de aristocrática tuvo que aceptar a su debido momento tener parentela para toda clase de hechos: homosexuales, vagos (pero no maleantes), un muero prematuro por accidente quirúrgico, varios emparejados sin casarse… Teniendo en cuenta que mi unión convivencial con mi pareja no había pasado por ceremonia alguna y que eso significaba que vivíamos en pecado, toda esa colección de lecciones que les dio la vida no estuvo de más. No hace falta decir que yo no existía para ese clan. Unos 15 años después una de sus figuras vejestorios, conocida como la tía Lola, casi centenaria pero con la mete despierta, única tía superviviente y solterona porque no se le había conocido trances con varón alguno no sabía quién era yo cuando mi compañera me mencionó a pesar de haber estado en nuestra casa. Ese era un indicador de lo poco que mi nombre había circulado por las bocas del clan.

Yo viví  y he seguido viviendo mi vida de pareja con la presunción de que su familia no ha sido ni será más que  un clan que no ha superado la psicología media de las horas tribales del paleolítico inferior. Pero eso hay que decirlo en silencio y sin publicarlo. Nada a ver con las familias catalanas o parisinas mucho mas sueltas sin matarse a obligaciones o referencias mutuas. Mi punto de vista era heavy puesto que a pesar de no haber sido hijo de ninguna incubadora y haber sido preparado en un claustro natural y ser hijo de vientre de mujer, mis relaciones familiares nunca fueron de éxito y aunque tenía una parentela próxima no conseguía recordar buenos momentos ni siquiera los de la infancia por lo que hacía a reuniones familiares. Si de niño nunca estuve muy al corriente del censo de mi familia por la cantidad de primos que tenia, apenas si llegué a contar bien los tíos; de adulto la cosa no mejoró y seguí sin llevar la cuenta por lo que hacía a sobrinos. Por si fuera poco mi hijo, mi único hijo, el ser que mas quise durante 35 años de mi vida con un amor difícil de explicar desde la ausencia porque apenas llegamos a convivir mucho mas de 1, priorizó la relación con esa familia con la que no me relacionaba que conmigo mismo. Saber que estás solo en el mundo tiene sus contribuciones al estudio de la verdad. 

Yo y mi compañera constituíamos polos opuestos pues al tratarnos con nuestras respectivas familias. Para mí, la suya formaba parte del grueso social en el que encuentras de todo y en ese todo hay mucho de rechazable. Para ella la mía tampoco le parecía tan mal. Para mí no se puede vivir con el principio incondicional de adhesión al grupo humano e cuyo seo has acido por sola esa circunstancia. Hay cuestiones de ética y de dignidad a las que debe supeditarse tal adhesión. Para ella, el sujeto humano con todas sus vicisitudes hay que aceptarlo y sea como sea toca perdonarlo.

Si me acerqué con prevención a la familia política en las partes en que fui conociéndola de un modo cauto, seguí en esa posición los años posteriores. Cuanto menos contacto hubiera mejor. Ese tipo de frase ya la había oído en voces de personas que me la confidenciaron por sus propios `problemas con sus familias políticas. La suegra era y sigue siendo aún una de las figuras emblemáticas de la familia política. Es su avanzadilla. El bastión fuerte del que si te descuidas te mete la pica de Flandes entre tus genitales y los de su hija. Tuve una, con otra pareja, que incluso vino a ordenarnos un día el armario. El suegro de aquella ocasión quiso organizarnos la celebración del matrimonio (un error burocrático además de estratégico biográfico e mi vida y que de momento no he repetido) por todo lo alto, al menos ese error –el de consentírselo- no lo acepté.

El mejor navegante por la familia política que le toca en suerte o disuerte es pasar por los protocolos mínimos y si te he visto no me acuerdo. A mí me cuesta horrores poner la cara que no es la mía. Aparentar que me place la conversación ajena cuando es un tostón es algo que no consigo. Hay familias políticas para las que cualquier aproximación previa requiere pasarse por una sesión hipnótica para que te dote de un personaje de adaptación.

El hecho de querer o relacionarte con alguien que a su vez está relacionado con otra u otras personas o pertenece a otro grupo no significa que te apetezca extender tu querer a todo lo que quiere.  El esquema es uno de los algoritmos de la psicología dominantes de las relaciones afectivas. Si A quiere a B. y B quiere a C, A no tiene porque experimentar amor por C aunque ciertamente pueda  concurrir información y energía para que lo tenga en cuenta a diferencia de otros elementos que no aparecen el esquema.

Un problema de relojería que está preinscrito en las parejas es que el partner  que tiene una familia en activo, con la que se relaciona, con la que se identifica si todo eso no es aceptado por el otro partner, se va a sentir injuriado. Mi compañera me ha cuestionado repetidas veces mi actitud hacia la suya. Si no te gusta mi familia y no te gustan mis amigos (eso también me vino pasando con una parte de ellos) ¿qué haces conmigo? –me ha preguntado varias veces-. No es una pregunta retórica, la verdad es que también ha sido mi pregunta. ¿Qué hago con una persona que le gustan personas que me parecen  impresentables?

Para mi compañera la categoría familiar, lo mismo que la categoría amistad, son inviolables. Ahí donde ve amistades yo he encontrado gente muy aprovechada y utilitarista, ahí donde ve la familia de su vida yo he encontrado fachas, que es una palabra más grave que la de decir simplemente conservadores o gente de derechas. La cuestión es que la información de las cosas no viene de golpe y aunque si bien es cierto que en un primer momento, en una primera ronda de visitas te haces cargo de cómo son los demás, no te enteras del significado de esto hasta mucho más tiempo después.

Para las condiciones ordinarias de existencialidad, con el flujo de contactos que van apareciendo, la misma dinámica contextual e los contactos  van seleccionando con quien estar y con quien no como un proceso natural. La familia política es como una especie de club en el que entras por la puerta de atrás y que de tarde en tarde tienes que soportar o con quien compartir convivencias por el rito de la efemérides o de las tradiciones aunque no te apetezca. Para un familia nuclear o pequeña la posibilidad matemática de coincidencias (y sus consiguientes desencuentros) es menor y eso también reduce el volumen de enojos. Si la familia es enorme (en el caso de mi pareja tiene más de una docena de hermanos) está ahí permanentemente como una especie de losa. Todo se multiplica: las bodas, los entierros, las efemérides de toda clase. Yo me retiré prematuramente de todo esto y lo mismo que un europeo que se instala a África para vivir con una nativa tiene que poner en claro que se casa con ella y no con toda la parentela de docenas y docenas y docenas de miembros yo también tuve que poner en claro eso lo cual significo que mi pareja fue a bodas y efemérides familiares a las que yo no fui dando más la nota por mi ausencia que por mi presencia. Nunca he sido cuestionado por esto pero seguro que he sido pensado  por ello dejando esa imagen un tanto arisca. No cambiaría nica mi aridez por una hipocresía que no se representar. 

Lo que en un principio fue un pacto adulto entre amantes con respecto a no verme en la tesitura de tener que acompañar a mi pareja a su participación en efemérides con personajes con los que no tengo ningún trato y con aquellos que tengo alguno pero no me identifico en lo más mínimo, eso fue aumentando un desajuste entre nosotros. Por lo dicho hasta aquí una lectura perspicaz habrá detectado que esa toma de posición ante la familia política o queda circunscrita a su área sino que la he extendido a otras. En efecto. Entiendo que hay una enorme cantidad de vida farandulera que no me interesa en lo más mínimo y de la que me he excluido oportunamente. No necesito hacer vida social y en la poco que hago experimento el aburrimiento hasta indecibles además de certificar que pierdo el tiempo miserablemente.  Sé que eso no se puede entender, en particular no lo puede entender quienes viven la vida a caballo de parámetros estimulares que le vienen de afuera, es decir, de otros. En una época de mi vida trataba de no perderme los actos gloriosos o  no faltaba a festejos y reuniones públicas (a pesar de que siempre tuve un fondo de introversión que me mantuvo distante y a salvo de no pocas tonterías ajenas), en cuanto a vi que las anécdotas se repetían como los productos de una churrería advertí que era más substancioso pasarse tardes de fiesta en solitario con una buena lectura que con una mala compañía.

Ser así no es tan grave si la persona con la que pasas la mayor parte de tu tiempo vital también lo es. En mi caso la compañera con la que convivo necesita el contacto humano a diario, aunque sea el del quiosquero o el de la panadera, en consecuencia debe salir, hablar de lo quesea con quien sea. La extroversión tiene sus obligaciones. A menudo "tener que ir a" es la formulación con la que cumplir con los protocolos y que me repatea sin discusión. El modo de sobrevivir a esas obligaciones sociales con las que yo, al menos, no cumplo ni deseo cumplir, es no opinando sobre ese telón de fondo que es la familia de tu partner con el trato es el máximo de disminuido y la identificación nula. Consecuentemente, cuando llegue la tanda de los sepelios, si vivo para referirlo, debería continuar con mi posición de ausente.

Es muy curioso que las tradiciones sociales tengan eventos perfectamente organizados para cada situación de la vida (bautismos y comuniones para los católicos, bodas y responsos en iglesias incluso para los no practicantes) a pesar de que no haya el menor contacto a lo largo de la vida. He ido a algunos entierros con cuyos protagonistas no tuve el menor contacto, algunos otros en que apenas si hubo dos o tres contactos. He ido a bodas con cuyos protagonistas no había tenido contacto comunicativo o muy escaso antes y tampoco después. Deduje que haber ido a unos cuantos para tener los capítulos de estas anécdotas a cubierto eran suficientes como para tener que repetir roles no sentidos siguientes veces. En contrapartida cuando yo sea el protagonista como muerto no espero que nadie venga a dar ninguna condolencia cuando en vida no hubo los contactos en profundidad que pudieran haberse dado.

Forma parte de la épica conflictiva las relaciones dañadas  con la familia política. La cultura es el arte de no enfrentarlas y substituirlas por simulacros.

Por mi última experiencia continuada de relación convivecial he aprendido que lo mejor es reducir al máximo las variables de confrontación. Si la familia política es uno de los ampos lo mejor es no tocarlo. Es una solución salomónica que en el fondo no arregla nada pero demora la explosión por las diferencias filosóficas entre tú y tu media naranja. Con mi compañera mi. Indisposición a un tipo de eventos en los que no me sentía libre para comportarme tal como yo era  fue el tema que nos acompañó siempre hasta el punto que decliné acompañarla a espacios de convivencia familiar con uno u otro componente del clan para no verme en la tesitura de estar condicionado en mis opiniones por ella. Resumiendo: no podía ser yo ante su familia por temor a herir a alguien o decir inconveniencias. Así pues, después de unas rondas de visitas a las que intuí desde el principio que no serian agradables para mí, reduje al máximo la posibilidad de siguientes encuentros. Eso no acababa aquí. Con una buena parte de las amistades de mi compañera tampoco me sentía cómodo por una razón u otra. Soy un tipo raro. La curiosidad más rara de mi rareza es que estoy orgulloso de ella. No quiero cambiar en este punto. Sé a lo que a me arriesgo. Si no cumplo con mi rol de partner puedo perderlo. La relación humana es contractual y la vida de pareja, la de hecho haya pasado o no por una oficina que la documente, también lo es.

La  covivencialidad es estudiable como todo, su conflictividad también. Cada tipo de tema genera un tipo de conflictos. He podido comprobar que hay unos impasses de no solución de los que es mejor desvincular toda militancia. Hay familias políticas cuyo rotulo cuando entras reza: tras pasar esta línea abandona toda esperanza de una comunicación de verdad.

Si el problema substantivo mayor de la condición humana y de su lenguaje es la comunicabilidad, una familia política no es más que un caso particular que la demuestra.  Teóricamente es posible vivir toda la vida con un tipo de escenario con cuyos miembros no hagas más que antagonizar sin la posibilidad de llegar a la empatía. Pero ni es lo deseable ni se podrá afirmar que ese tipo de vida sea la que garantiza la mejor calidad existencial. El que aterriza en el espacio familiar de  su pareja puede tener la deferencia de reconocer a sus personajes como parte del elenco escénico secundario sin tener que contar que deje de ser otra cosa. Cada cual según sus dotes escénicas sabrá encajarlo más o menos. Personalmente me ha tocado sentir vergüenza ajena por las representaciones de esos personajes, pero eso no quita que ellos piensen de  mi propio personaje que sea todavía más impresentable.

No recuerdo ninguna pareja anterior a la actual con la que tuviera la abundancia de discusiones que he tenido con la mía actual a propósito de mi familia política. Todo lo que puedo decir es que la familia política es efímera. Desaparece, en la inmensa mayoría de casos, el mismo día en que rompes la relación con tu partner o el/ella hace eso contigo.