Mi Colaboración con el Mundo. Jordi SAR
Mi verdad económica actual: cobro desde hace una década una pensión del estado por mi condición de no asalariado. . Ni siquiera se trata de una pensión de la seguridad social derivada de mis años de cotización como empleado por cuenta ajena, que tampoco fueron tantos y aún menos los declarados. En contrapartida, el estado a través de sus agentes de control (reducidos a asistentes sociales que ahora se llaman promotores y centros de formación ocupacional que siguen supuestas políticas de integración) me exige una reinserción laboral para dejar de ser una carga para sus fondos de subvención a los marginados del sistema económico. Mi discurso ante esos agentes de control, por lo general maravillosas personas que les toca jugar ese rol, sea cual sea su ideología crítica al capitalismo, que tampoco me consta, es el de una incapacidad de retorno a cualquiera de los empleos asalariados que pueda ofertarme y que yo pueda aceptar. Tras periodos sincopados de búsqueda de empleos, de envío de cartas, llamadas telefónicas o emails solicitándolos, cambié el chip. Tras envíos de CVs y recados dejados sin obtener respuestas decidí no continuar en esta tesitura de insistencia. Si el mundo laboral no quería contar con mis recursos por razones de mi edad o por falta de acreditación de mi currículum o por lo que fuera (por lo general el solicitante de empleos obtiene el silencio por toda respuesta) que en la mayoría de los casos solo se puede hipotetizar, yo tampoco querría saber nada con ese mundo. Las cosas se habían torcido de tal manera a nivel general que el recurso principal de un país que es la inteligencia y la fuerza de trabajo de sus ciudadanos son ninguneadas tanto por las empresas privadas como por las empresas del estado. Desde el punto de vista del ciudadano laboral tiene dos opciones: hundirse en la miseria de su exclusión frustrándose aun mas por creerse que es totalmente culpa suya o aprovecharse del regalo que le proporcionan las circunstancias gozando de su tiempo libre para hacer lo que mas le apetezca: desde el ocio más improductivo a cualquier hobby o creatividad en la que se pueda sentir realizado. Los jubilados fuera de su edad laboral ya iniciaron ese proceso antes que los parados. Un jubilado tenía dos opciones, o morirse al poco tiempo de haber sido dado de alta laboral echándole de aquello que toda la vida había hecho y también del ambiente social vinculado o bien rescatar sus pasiones de juventud y dedicarse a trabajar por su cuenta con ellas. Un parado crónico no es más que un jubilado anticipado que puede tomar su condición menos trágica y más jubilosamente.
De pronto hay gente capaz de hacer sus diseños, sus inventos y sus innovaciones existenciales por su propia cuenta gracias a tener una sola cosa fundamental: tiempo libre para hacerlas. El parado puede reciclar su tragedia de marginado convirtiéndola en una invitación a vivir más y mejor si deja de frustrarse por no ingresar la cantidad de dinero a la que estaba acostumbrado. El estado tampoco va a dejarlo morir de hambre.
Desde que advertí la posibilidad de modificar la ecuación principal y me libré de la supuesta obligación de trabajar para el sistema en aquel tipo de trabajos que iban contra mi dignidad, mi persona y mi ética, llegué a la conclusión que el ciudadano que dispone de si mismo, de su tiempo, puede decidir su propio de trabajo aunque nadie en el mercado lo solicite ni nadie tenga necesidad directa del mismo.
Mi trabajo que no me remunera nadie directamente es el de escribir. Me dedico a pensar por libre y por cuenta propia, Ninguna universidad ni ninguna firma me ha encargado la investigación de nada, ningún laboratorio de estudios de la conducta está detrás de lo que pueda decir, ningún grupo de fans de lectores hacen colectas para darme un plus económico que haga de incentivo para generar mi literatura. Trabajo porque sí, porque quiero, por amor al arte y porque, aunque no es literalmente cierto, sé que se puede vivir del aire.
Evidentemente no vivo preocupado por la próxima comida. Sé que siempre hay una próxima comida garantizada y una buena cama y un techo, no solo eso, también una compañía humana con la que poder compartir misterios existenciales y tesituras cotidianas. Mi nivel de vida no pasa por el despilfarro ni por la ostentación pero llevo años tomándome el termómetro y afirmando que no me falta de nada, al contrario me sobran muchas cosas. Mi compañero me dice que soy austero y que gracias a mi criterio de austeridad (yo lo llamo simplificación que tampoco es tan absoluta) podemos ahorrar. Ella aporta la cantidad económica que a mi me falta aunque hay una ratio entre la una y la otra. No hace falta decir que vivo muy bien, con todas las necesidades cubiertas y con un tren de vida que está muy por encima de los mínimos. Nuestro capital conjunto nos permite tener un remanente de ahorro mensual que acumulamos para cambiar de estatus en un futuro no muy lejano y tener una casa con espacio físico suficiente alrededor.
Presentados los créditos reales de mi marco de vida debo decir que nunca he experimentando ningún sentimiento de deuda o débito con respecto al estado por mi condición de subvencionado. Hay razones logísticas considerables por parte del sistema para hacerlo. Los análisis sobre la sociedad del bienestar justifican la lógica de neutralizar un contingente poblacional nada despreciable pagándole la subsistencia en lugar de introducir alternativas económicas para reciclar todo su potencial energético pero que iría en contra de la filosofía del capitalismo. Una parte de esta población marginal poco le importa que su futuro este condenado a la permanente exclusión porque viene viviendo en una realidad aparte aun sin renunciar a utilizar los recuerdos de la realidad predominante
No puedo hablar por aquella porque no ha surgido ningún movimiento social que reclame mas pensiones para los indigentes o soluciones para dignificar sus vidas pero sí puedo hablar por mi mismo. El hecho de que el estado no cuente contigo por tus capacidades reales y no en la asunción de un rol mezquino que ni haces ni harás no significa que tu no puedas hacer tu contribución a una sociedad que si bien no es la actual puede ser la del futuro.
Mi trabajo –escribir- no se transforma en productos de mercado que pasen por la compra venda. Escribo mas para el futuro que para el presente. Trabajo en unos términos que si bien no generan interés en nadie, ni el mercado absorbe ni el estado se fija, no dejan de ser, en mi inmodesta opinión, útiles en si mismos. Un trabajo cambia el entorno y las condiciones de vida, sea o no sea remunerado. Algo que todavía no ha aprendido el lenguaje mercantil actual es a desembarazarse de palabras lesivas tales como la del parado. El parado es poco menos que un inútil y en todo caso un sujeto improductivo que no colabora para nada en la sociedad. La palabra precisa es la de desalariado o desempleado, ni siquiera es correcta la de desocupado. Alguien sin trabajo por cuenta ajena ya sea dicho que puede rescatar intenciones creativas y trabajos propios que había dejado en el desván década atrás. Toda persona con un mínimo de autoestima de si misma puede generar riqueza e interesarse por las cosas, pude generar una actividad productiva en su entorno inmediato aunque tal vez no le interese para nada al mercado.
El trabajo intelectual es también un trabajo y su producto son textos o palabras envasadas que admiten una circulación. No es directamente materialista en el sentido de producir modificaciones ambientales o contextuales pero es Indirectamente es un incentivador de nuevas circunstancias al divulgar ideas útiles o razonamientos correctos. El trabajo intelectual está copado por universidades y sedes institucionalizadas de saber pero últimamente se demuestra que hay otras muchas canteras que lo generan o que conspiran desde la oficiosidad. Un trabajo no solicitado por nadie, por tanto que no pertenece al mercado de la demanda por el cual esté dispuesto a pagar un precio no es considerado como un verdadero trabajo por el sistema. El sistema es un conjunto de leyes y tradiciones que significan de una determinada manera las cosas independientemente de sus razones-origen para que existan. Gracias a la exclusión laboral la historia del arte les debe mucho a los marginados. No poca gente que se dedica a la creación artística es porque sus oportunidades de trabajo y de vida en formas encasilladas en empresas con contratos le han sido negadas.
Cada individuo tiene que enfrentar su tesitura de no ser admitido en sociedad con su lucha personal para crear su propio espacio tanto si gusta como si no. Escribir es una de las formas con que se expresa la creación y el arte. Nadie puede decir que no hay nada que hacer o que no puede hacer nada: le basta coger un teclado y plasmar su pensamiento. Lo que en un primer momento puede ser la declaración puntual de unas circunstancias se puede convertir en una cantera inagotable de experiencias tanto por las que se refieren como por el mismo hecho de referirlas.
Mi colaboración con el mundo pasa por eso. Evidentemente el mundo no me lo ha pedido ni nadie me ha presentado una solicitud formal diciéndome que lo que pueda escribir sea crucial para la historia de las letras. Ese no es el motivo. Escribir es demostrar que existes en una existencia diferente a la que se había calculado para ti pero también diferente en bastantes puntos a la que habías pensado hacer. Aunque escribo desde la adolescencia no ha sido hasta la madurez que me he declarado escritor. Vengo afirmando que lo que más me gusta es escribir por encima de otros oficios y actividades, en todo caso es la actividad troncal que me vertebra, estabiliza y me da la razón de vivir, sino la principal una de las razones. Resulta cómico puesto que escribir es lo que menos que interesa a un consumismo de imágenes y de estímulos rápidos.
Escribir no significa necesariamente que se incida en la historia del pensamiento. Detrás de una contribución de autor se puede albergar la sospecha de una intencionalidad para influir en hábitos, actitudes y reflexiones de los demás, pero eso no es lo verdaderamente crucial. Se puede escribir y –al hacerlo- potenciar el propio nombre sin llegar a ser referencia significativa para nadie. Si el mundo anda saturado de algo es de palabras. Comparativamente, esa misma afirmación se puede aplicar a cualquier otro substantivo, también anda saturado de unos mismos hechos sin escapar de la vorágine de su circularidad.
Escribir es uno de los oficios más transportables que hay. Seguro que hay una conexión entre esta propiedad y haberlo elegido como praxis ya que no coarta mi libertad de movimiento para nada, al contrario la engrandece.
No ignoro que escribir genera una sensación de plenitud –el sentimiento de un trabajo terminado- sin haber hecho en realidad gran cosa. Por si fuera poco escribir se suele hacer en una sola lengua y su traducción a otros idiomas mayoritarios no resulta tan fácil aunque hoy dia existen los automatismos de programas de traducción, pero eso pasa por un trabajo enormemente costoso en cuanto a tiempo. Como ventaja, el castellano que el idioma en el que me expreso en la mayoría de mis textos, seguido del catalán en mucha menor cuantía, es uno de los idiomas mayoritarios de la humanidad aunque su latitud no se corresponda con las culturas mas avanzadas. Trato de escribir lo más unívocamente posible pero no me aterra plantearme temas sin tener o poder llegar a conclusiones. El conclusionismo es una prisa que no tengo. Las academias y en general las instancias de poder han regulado formas de escribir no solo por lo que hace al significado de las palabras convenientemente recogidas y colocadas en diccionarios, si no también por lo que hace a los caracteres empleadas en cada signo. Me gustaría vivir el idioma en una eclosión mayor del que tiene. He experimentado las dificultades para salir de el en formas sintácticas inventivas o en neologismos no tolerados por los lectores más estrictos.
Josep Padró, egiptólogo, declaró que frente al alfabeto cartesiano de nuestra lengua el egipcio no contenía vocales.Se introducían en el habla, lo cual lo hace por ahora en un misterio fonético. La escritura jeroglífica se usó hasta la época grecorromana. No pertenece al tronco indoeuropeo sino al camito-semita, que engloba lenguas que no poseen declinaciones ni conjugaciones (funcionan con prefijos y sufijos) y pueden construir oraciones sin verbo.La lengua egipcia es muy sintética con construcciones cargadas de significado. La revolución amarniana (con Akenatón) adaptó la lengua escrita a la hablada y apareció el neoegipcio. ¡construir frases sin verbo! Escribir es también investigar mientras seautoinvestiga como medio.Hubo otros tiempso en que se adoptó el lenguaje como una construccion continua. Todavia queda por delante su reconstrucción para avanzar mas en la denominacion de lo abstracto y descolonizarlo de la descrioción de lo concreto. Escribir para terminar en propuestas y utilizar los verbos activos de la acción no deja de ser una secuela del proselitismo y de la ideologia que pretende la influencia. Tratar de escribir sin convencer a nadie y a la vez sin molestarse porque nadie le convenza ese nuevo tipo de textos es una gran experiencia.
Independientemente de estadisticas de la cuantía de visitantes a los propios textos lo que quedará en el futuro es la transmision de sus ideas si realmente catapulta nuevas ideas. Todo lo que hago al escribir es comunicar mi forma de pensar no solo encuanto a ideas sino sobre todo en cuanto a metodología. Escribir pues para pensar y enseñar a pensar: l o cual no es poco aunque sea muy usado para quien su pensamiento no le ha servido para colcoarse en las isntancias de poder dentro de un sistema social en el que no cree ni le satisface.