Gym Radical.
La vida feliz de Feminália empujaba a un cierto sedentarismo en algunas comunitas que se pasaban meses o años sin salir del recinto y que tampoco hacían mucho ejercicio o no el suficiente aunque a diario había ese par de circuitos para footing y el gimnasio estaba abarrotado antes del desayuno. En las inercias diarias una comunita saltaba de la cama a las toilettes y duchas para luego ir con un mallot o sin nada a los ejercicios físicos, pero algunas remolonas que se levantaban tarde se saltaban su gimnasia e iban al comedor. Todas eran vigilantes de todas por lo que a estética física se refería. Tan pronto una aumentaba críticamente de peso o perdía agilidad era avisada para las demás para que se cuidara. Por si esa forma espontánea de auto vigilancia de sus líneas fallaba, Todas pasaban por un examen médico rutinario cada tres meses en el que se tomaban medidas de perímetro corporal y peso. Si superaban el peso razonable aunque solo fuera en un par de kilos eran recomendadas para un plan estricto de gimnasia radical que básicamente consistía en priorizar los cuidados del cuerpo a todo lo demás. Eso significaba que cada comunita sometida a este régimen especial tenía asignado una sparring que se ocupara de ella sin consentirle ninguna concesión.
De hecho una de las propuestas para el clientelismo externo que se venía aplicando era el de programas de dieta y de cuidados físicos para mujeres que querían emular los fantásticos cuerpos de las feminitas, pero estas eran y debían ser más autoexigentes consigo mismas.
Venus fue el primer sparring asignado para 4 de ellas que inexplicablemente se pusieron como focas. Sobrándoles hasta 10 y 12 kilos a un par de ellas. Dado que fueron casos especiales la atención a sus cuidados pasó a ser preferente, El método de Venus para esta situación fue el más puro y duro conductismo condicionante. Todas harian todos y cada uno de los ejercicios diarios a los que les sometería. Comerían mucho menos y una dieta especial exenta de grasas e hidratos de carbono y alcohol. Nada de sal ni azúcares. Seguirían con sus horarios de compromisos en los que también deberían hacer ejercicios físicos compatibles. Lo único que no se les restringiría seria en seguir haciendo el amor a diario.
-Voy a ser vuestra pesadilla las próximas semanas hasta que recobréis vuestra figura –les dijo el primer día Venus-. Me obedeceréis en todo. No discutiréis ninguna de mis instrucciones. Cada día habrá un premio y un castigo. La premiada será la que gane, al final de cada día, un ejercicio de competición distinto y la castigada la que no lo alcance. El resto del día lo dedicareis a flexiones de distinto tipo, levantamiento de pesas, barras, anillas, springs…
-¿Obedecerte en todo? –preguntó una-
-Eso he dicho. ¿alguna objeción?
-No, ninguna, confiamos en ti –le dijeron-
-Estáis desentrenadas y mi objetivo es que volváis a ser diosas, a demás a que lo hagáis a corto plazo. Entre las 4 os sobran tantos kilos que podríamos parir otra persona.
A partir de ese momento Venus las ordenó a hacer las típicas flexiones de brazos levantando el cuerpo inclinado, pesas de manos, saltar a la comba, botar sobre sí mismas, correr, nadar, saltar las unas por encima de las otras, barras paralelas y guerra de caballos, esto era una tenía que subir a la otra sobre sus hombres y pelearse con la otra pareja hasta derribarse. También practicaron judo y boxeo.
Al final del día acabaron rendidas. Como prueba de competición les puso correr cien metros. Aurea venció a las demás aunque llego andando hasta la meta y Dina se quedo rezagada.
Aurea tuvo como premio un masaje que las otras tres le dieron y Dina recibió un cachete de los demás. Los siguientes días se incorporaron hasta otras 6 comunitas. Se conjeturó que ese régimen especial tal vez fuera permanente para las que necesitaran un intensivo extra de este tipo para volver a sus formas físicas de mujeres diez.
Con ese grupo de 10, Venus diseñó un programa tan duro que el adelgazamiento estaba garantizado desde el segundo día. Las hizo reptar, subir cuerdas con y sin nudos, lucha libre, marcha atlética…el plan de premios y castigos funcionó. Si bien cada día variaban, se puso un tope para que una rezagada no pudiera ser castigada más de tres días seguidos y una premiada tampoco. Pasado este periodo saltaba ambos tratos a las subsiguientes.
Casi todas empezaban a primera hora de la mañana usando maillots pero según iba pasando el rato se iban desprendiendo de todo. Lo que más conservaban puesto era el top para que los saltos que les zarandeaban las mamas no les molestaran. Como que todas tenían muy claro recuperar sus bellezas ninguna discutía nada por dura que fuera la orden.
Venus cuidaba de todas y cada una de las chicas para que no se lesionaran, pero no les consentía abandonar el programa por niñadas.
Dentro de los premios a la ganadora de cada día estaba como lo más divertido y esperado el masaje de barro licuado con el pis de todas ellas, también el de recibir por una o dos horas los lametazos de las demás a la vulva y ano colocándose en la posición más ofrecida que puede adoptar un cuerpo de mujer. Por lo que hizo a los castigos, las castigadas recibían bofetadas en las mejillas, puñetazos en el abdomen, pellizcos en los pezones, golpes de varas flexibles en los glúteos pero también en el abdomen y en las tetas. Como las prácticas comunitas contemplaban la violencia erótica moderada como parte de la excitación sexual y del placer, esos castigos tampoco eran tantos, aunque ciertamente dejaban marcas circunstanciales en la piel.
Cada día había controles de las constantes corporales. En el balance del primer mes se supo que el promedio de pérdida de peso era de 200 gramos diarios. El objetivo era perder peso pero no tan rápido como para que el tejido epidérmico se arrugara y las tetas quedaran caídas. A las mamas se les aplicaba el frio de cubiteras especiales de cubitos de hielo.
Dos meses después Aurea estaba más bella que e mucho tiempo y dejó el entrenamiento. Venus también dejo su puesto de sparring pero la propuesta de grupo quedo concretada de modo permanente. Su práctica paso a integrarse como una de las actividades diarias de la casa de las mujeres y el de sparring fue uno de los roles profesionales rotativos en la comunidad.
En el mundo de afuera la industria de la cosmética y la dedicada al embellecimiento corporal no paraba de proponer formulas supercaras que fracasaban y a veces producían efectos colaterales dañinos. En Feminália el método de adelgazamiento con un sparring radical que no perdonaba la menor falta de disciplina y objeción de los ejercicios demostró ser muy operativa. Ese espíritu de exigencia también se trasladó a los cursos que se daban externamente aunque con un ritmo mucho más light que suponía triplicar el tiempo de dedicación al programa. El grupo interno de ejercicio intensivo estableció la relación de un pelotón militar con un sargento desalmado. El caso es que funcionaba. Además de la disciplina con los ejercicios también estaba la disciplina con el paladar y no comer más de lo justo y necesario. Durante el tiempo de los ejercicios las chicas seguían un régimen crudivorista estricto con un único extra: aceite y especias. Lo cierto es que el resultado era altamente satisfactorio a corto plazo: hornadas de bellezas que de haberse presentado hubieran ganado todos los concursos de pasarelas del mundo.