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Propuesta sexoactiva para la primera cita

Por Walkiria Sumionda - 14 de Septiembre, 2009, 14:03, Categoría: RELIBIDINIZACIÓN

Propuesta sexoactiva para la primera cita.

Ya no queda tiempo, ni biográfico-personal para andarse por las ramas ni colectivo-social para andarnos concediendo citas estériles. Nos necesitamos los unos a los otros, por eso nos seguimos sondeando y buscando. Nos necesitamos para aprender y para gozar. El egoísmo se ha redoblado tanto que quienquiera que sea que no esté en uno u otro de estos dos capítulos se arriesga (o merece) la exclusión. Seguir con los paripés formalistas nutridos por vocabularios de composturas afectadas pero ficticias ya está demodé.

   En los tanteos de cómo es el otro para la sintonía psicológica y la vibración química, pasar la conversación previa a lo que se busca y lo que se quiere es indispensable. La sinceridad no es completa sino expresa el deseo y el concurso  o no de intencionalidad erótica. Los hombres estamos consentidos por las mujeres como si fuéramos una especie de aberración de la naturaleza que necesitamos más sexo que ellas. Es un tic cultural ya que las mujeres son más voluptuosas y pluriorgásmicas que los hombres pero que algunos estándares contextuales las  inhibe para declararse orgullosamente  como animales sexuales. Es así que el peso de la conquista sigue recayendo en la iniciativa masculina. Si al varón le falta gramática, sonrisas y sensibilidad lo tiene bastante duro. Ahora, por suerte, el más negado puede acudir a recursos internáuticos donde aprender los juegos de la seducción y tomar buena nota de las páginas que enseñan a escribir[1]. No me consta que haya centros o cursos para aprender a seducir, pero todo llegará. Antes los hubo que pautaban  a las mujeres de como andar o mantener la espalda recta o saberse comportar ante los hombres que ya pretendían un poco eso. Si bien la reivindicación de la igualdad entre sexos viene de antiguo, en la misma tesis había que entreleer la de la igualdad de los derechos sin perder el valor y la excitación de las diferencias naturales. Marie de Gournay[2] trató de influir en su  época con esta idea. El feminismo necesitó aprender de sus errores para cambiar el eje igualitarista por el de la diferenciación. De hecho la demanda femenina de tener los mismos derechos que los hombres si bien liberó a muchas mujeres de subordinaciones domésticas las igualó a las limitaciones del universo masculino. Por el contrario el feminismo de la diferencia potencia la recolocación de las mujeres con sus roles por encima de las posibilidades del campo varonil. Dicho sin rodeos: las mujeres nos superan en casi todo, tal vez como velocípetas o en el salto de pértiga no, pero en la logística doméstica, la visión existencial y en la seducción son las que mandan

 Las personas, cualquiera que sea su inclinación sexual (homo, hetero o bi), dedicamos un tiempo considerable a la comunicación o sus tentativas con los demás y las incompletudes en las que vivimos  llevan a acercamientos interpersonales para tratar de conseguir la experiencia faltante o continuar con otra (la de los placeres sexuales) iniciada unos cuantos contactos atrás pero no consolidada en una persona fija.

La demanda de sexo es un hecho y según lo que lleve estacionado en su dique seco cada amante autopropuesto/a, su forma de acercarse a su objeto de conquista pretenderá más o menos eficacia. Me temo que los proyectos de largos noviazgos y relaciones preparatorias persistentes para finalmente llegar al encuentro sexual era una inversión despiadada en contra de quien invertía en ellas. Tanto protocolo para llegar al universo genital era desproporcionado. La actualidad de la libertariedad y el hedonismo permiten –o deberían permitir- el acoplamiento en una primera cita. Si no se da reunir las condiciones para que se dé en una segunda puede costar algo más, es posible que ya no haya una segunda cita. En una ocasión conocí a una chica pro anuncio, dimos un paseo, hubo feeling pero ella dijo que nunca se acostaba con nadie en una primera cita, yo le aseguré que lo más probable es que no supiéramos lo que pasaría entre nosotros en una segunda, no la hubo nunca. Hay personalidades con las que se automachaca el sujeto prohibiéndose el deseo por razones protocolarias. Muchas chicas no quieren pasar por fáciles para que no se diga de ellas que son unas putas y se hacen de rogar. Lo que ya desean en un primer encuentro no aceptar concretarlo hasta una cita posterior. En el peor de los cromos, esa demora lleva a la relación estéril permanente entre los dos esperando el día que un matrimonio falle a favor de esa posibilidad.

Propongo que para una primera cita de cortejo la propuesta sexoactiva sea algo más que una insinuación. Si no se tienen claras las cosas un precioso rato dedicado a la charla tomando un café o un té puede malograr la impetuosidad libidinosa. Hay que recordar que del otro no gusta todo. En términos anatómicos puede tener partes de su cuerpo muy excitantes y otras todo lo contrario, muy desexcitantes. Por lo que hace a su persona puede tener un discurso brillante a bordo de un cuerpo escacharrado o al revés, un cuerpo maravilloso y un discurso vomitivo.

Uno de los grandes motivos por los que los humanos nos buscamos los unos a los otros es para reunir las dulzuras de los placeres, la ternura del regazo, los besos ensalivados, los orgasmos contantes y, sobre todo, la comprensión, la complicidad, la complementariedad. Llegar y chingar no es suficiente, ni siquiera es motivo de orgullo. Para cada chico salido hay al menos una chica pasmada que no entiende que pueda estar delante de un primate enhiesto que sufre de incontinencia erótica dejándose enredar por una prosa mediocre. El problema no es tanto del hombre testosterónico compulsivo como de su analfabetismo dominante que no ha neutralizado acudiendo a formarse primero con las lindezas del texto de seducción pero sobre todo con una revisión de su psique y su alma.

Si bien el sexo es incuestionablemente importante no es lo único ni lo que pueda asegurar una relación de largo plazo con alguien. Hay figuras humanas que tienen tan poco de sí mismas que solo son eso: figuras. La misma discusión que se ha hecho de perfiles de personajes cuya pobreza de espíritu es tal que se puede decir de ellos que son tan pobres que solo tienen dinero, también es trasladable a ese mundo de la seducción en el que todo lo que se quiere y se busca del otro es su anatomía con agujeros en los que descargar la necesidad sexual o penes que los cubran y complazcan por la misma razón.

De acuerdo, lo sexual no es lo fundamental pero la inhibición ante su demanda corre el riesgo de producir la barrera que se traduzca en una barrera para todo lo demás. En un tiempo de maxisondeos y prisas para encontrar si no medias naranjas al menos gajos con los que salir del paso primeras citas en las que no hay feeling suficiente para llevar una hipótesis de seducción a término pueden convertirse en citas de desencuentro para algunas personas que ya no tienen o no van a conceder una segunda oportunidad.

La propuesta sexoactiva para una primera cita es posible desde el momento en que el preámbulo de contacto indirecto por voz o mensajería instantánea prepara las condiciones suficientes. Claro que las intuiciones previas e incluso el acuerdo de quedar para la caricia puede venirse abajo cuando en el encuentro presencial la falta de química es total. Por eso lo mejor es acordar algo intermedio: una cita para un masaje reciproco es la formula más discreta y que dará elementos sensoriales sobrados para ver si concurre el deseo sexual de la posesión. Así se evitan enojosas situaciones en las que uno desea a un partner momentáneo que no le corresponde con un deseo equivalente.



[1] Véase http://correodelaseducción.blogdiario,com

[2] Autora de Egalite des hommes et des femmes (1622) y editora de los Essais de M.Montaigne.