La literaturización.Del acto al texto.JesRICART
De todas las actividades observables y contables que se puedan citar con o sin los resultados buscados se puede decir que cuando menos tienen la utilidad del hecho para su conversión en texto. Eso incluye a los autores y actores de todo el encadenamiento de actos con que se alimentan las escenas de todo tipo. Las novelas las hacen los elencos de la personajes de vidas públicas y privadas. Almudena Grandes decía de una de sus novelas que la hizo a partir de sus conocidos que le sugirieron los personajes. ¡Ah! ¿pero no sucede casi siempre algo parecido? En las influencias de las distintas formas de escribir hay personas e historiales emocionales y vivenciales sacados de las relaciones interactivas con los demás. Desde el punto de vista literario todo sirve, no hay nada que sea despreciado ni nadie que sea tan despreciable como para que no sirva como personaje. Dicho más brutalmente: ninguna persona puede evitar ser un personaje que convenientemente observado y tratad por la mirada literaria puede ser llevado a las paginas para su recreación, es decir para llevarlo más allá de lo que en su vida real incluso se atreve a hacer. Esa es una de las grandes ventajas psicológicas del arte literario: descubrir los contenidos reprimidos de los personajes combinados en una trama.
El proceso de literaturización desdemoniza los fantasmas lesivos que la realidad trae consigo para reclasificarlos en la fantasíada imaginaria a conveniencia del autor. Hace de lo lesivo de la vida misma la posibilidad de su dramatización y comicidad convenientemente dosificadas para ponerse por encima de la realidad misma. Eso le confiere un valor terapéutico extra y, en principio no buscado, al arte de lo escrito. Aparentemente la posición literaria es insolente porque se pone en un registro de superioridad sobre los escenarios y sus escenas de los que sonsaca aquello que le interesa a conveniencia del autor que los interpreta según las necesidades de su prosa. De hecho escribir es una forma de hablar sin ser interrumpido asegura Jules Renard. Otras elecciones artísticas, desde la pintura a la escultura pasado por la música, también son propuestas unilaterales desde la creatividad que pueden o no hacer diana en la receptividad pública. También hay quien piensa que el texto es algo sobrante, que no es más que cháchara o que las palabras sirven de bien poco. Al temor a lo intelectual y a la fobia a la palabra escrita (de una cierta extensión) que existe como pandemia en una sociedad tecnológicamente evolucionada pero sobradamente ostentativa de su desvalidez conceptual hay que añadir la soberbia del ataque al texto de parte de quien no lo domina. Basta hacer entradas de dos o tres líneas seguidas en determinados ambientes de habla, como los chats, para que los demás opinen que eres un pedante, una forma de cubrirse para no entrar a hablar de ningún tema ya que no tienen talla cultural que se lo permita. La hipótesis de la cortedad mental detrás de la falta de nivel cultural no se puede descartar.
Para Sam Savage, autor de El lament del desvagat que reflexiona sobre los laberintos de la creación literaria dice que no existe. Diferencia entre lo que se recuerda y lo que se cree recordar no existiendo una memoria auténtica sino la interpretación de la memoria. Es cierto que al tratar de recordar historias, en particular las de pasados lejanos, la memoria se desdibuja y en su lugar un exceso de iniciativa actualizada las reinventa para suplir el déficit del recuerdo. Recordar es, en parte, mentir. No tiene porque ser una mentira intencional. Tampoco hay que ir tan lejos para sostener la permanencia de la mentira. Hablar –incluso hablado de informaciones recientes y de la misma actualidad en lo que no tiene que intervenir la memoria de largo plazo- también es mentir. Háblame, luego entonces, miénteme. Tampoco tiene porque ser una mentira intencional. La mentira no es más que la distorsión de una verdad y toda interpretación equivocada de un hecho lo distorsiona. Eso no afecta a la creación literaria misma. ¿Acaso la literatura no puede inventar historias absolutamente inverosímiles y sin embargo tan atractivas que mantienen la atención y el goce de la lectura? La creación literaria que propone una recreación de la realidad a conveniencia de las necesidades intelectuales o planteamientos estéticos de su autor no pasa siempre por la exactitud ni por la fidelidad. Lo artístico carga con algo de lo hiperbólico, con la exageración repersonaliza personajes a conveniencia de la trama. Desde luego se puede discutir de cada propuesta literaria su no-valor por lo que hace a informar de la verdad de lo que relata pero para determinadas verdades –las sentimentales- no hay tribunal objetivo que pueda dictaminar ningún certificado de autenticidad. Es justamente del campo sentimental que se puede hacer eco la literatura en el reino soberano de su interpretación particular.
Para el observador nato basta salir a la calle y escrutar el paisaje y atender a las coincidencias que tiene con los demás para hacer una obra maestra. Josep Pla presenta en su Quadern Gris en una edad de inicio a las experiencias interactivas de la vida (la veintena) un trabajo magistral de recreación de los detalles con los que se encontraba. La literatura está en los espacios, en la observación, en la calle, en el sujeto humano y sus tesituras. También lo está en espacios cerrados, entre paredes, en la autointrspección. Las técnicas y trabajos para pasarlo al registro escrito solo puede ser el resultado de esa conexión entre la sensorialidad receptiva de los sucesos, la mente para computarlos y el deseo de documentar (estentóreamente diríamos inmortalizar) los hechos. Es así que un hecho, el que sea, indistintamente de su valoración ética y de sus protagonistas, forma parte de la cantera del que sacar ideas re-creativas. Los hechos, todos los que sean, todos los que estén por suceder, forman parte de un inagotable escenograma del que se podrá seguir sacando lecturas para proponer otras formas de vivir o re-existir aquella realidad primera. El lector tiene la oportunidad de vivir hechos que conoce o de los que ha participado a trabes de la mirada del autor que los ha escrito extrayéndoles otros aspectos que tal vez le pasaran por alto en el primer encuentro. Por su lado el autor tiene la oportunidad de brillar con su propia catarsis al repasar sus encuentros con la vida y no sufrir –o sufrir menos- por las verdades existenciales retratándolas en lo que son o que así lo estima.
De los hechos sucedidos lo que queda son sus referencias según fueran documentados, sus lecciones escritas que sustentan detallísticas que las lecciones orales desdibujan con más facilidad. La literaturización es el proceso por el cual lo literario pasa a hacer de corolario de realidades en sí mismas interminadas e incompletas pero que tienen una segunda oportunidad al poder ser contadas.