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TEATRO

En el Divagatorio

Por JesRICART MORERA - 3 de Marzo, 2009, 19:22, Categoría: TEATRO

En El DIVAGATORIO por Jes Ricart Morera  jesusricart@hotmail.com

DIÁLOGO DE UN HOMBRE SOLO CON SU  ESCENA

monólogo sin guión muy estructurado para una hora.

Reflexión ironizada sobre la acción teatral.

Pautas contextos y dirección escénica liberadas.

Un hombre hablando solo para si mismo, totalmente absorto sin dirigirse -de momento- a nadie del público.

 

 

 

-Mi mánager me ha dicho sal y habla por espacio de una hora.

-Pero de qué voy a hablar -le he dicho aterrado- Yo no sé nada, soy un pobre infeliz, no tengo memoria.

-Habla de lo que sea, el público espera. Además ya sabías que la función se estrenaba hoy y empezaba ahora.

-Pobre de mí, ¿qué voy a decir? ¿Quién soy yo para hablar a un público culto? Culto ¿no? ¿de qué voy a hablar? ¡Por el amor de dios! si no soy nada, no sé nada, no pasé de primaria, jamás hablaron de mí  por mi saber, nunca me dieron un titulo, ¡ni siquiera alcancé un solo sobresaliente! ¡Oh, lo que hubiera dado yo por tener un sobresaliente cuando era niño! ¡Cómo se hubieran puesto mis padres de contentos! Siempre me decían ¿ves? el hijo de la vecina le han dado una medalla en la escuela y  tu primo  tuvo dos sobresalientes en los exámenes últimos tú en cambio eres un/a zoquete. Sal de mi vista antes de que te zurra, decían  convencidos tanto papá como mamá... (mamá, papá, os quiero.) Todos supieron antes que yo mismo que yo no servía para los estudios. Yo, pobre de mí, me ahogaba entre miles de letras de los libros y signos indescifrables. Me aterraba tener que traducirlos. ¿Y ahora me toca a mí, decirles algo de lo que no sé nada? Increíble. ¿Quién me manda meterme en estos berenjenales?

Pero ¿qué hago yo aquí? ¿quien me ha pedido meterme en este fregado?  Sí ya sé que hice la solicitud para formar parte de la compañía teatral. Pasé por un casting, me hicieron una prueba, la superé, me aseguraron un dinero; tampoco tanto, me dijeron que aquí se trabajaba como comisionista, a tanto por espectador satisfecho con la función y a tanto la carcajada. Alguna clase de programa informático saca la media estadística de la satisfacción y de las risas pone algún logaritmo y dar un cociente. No puedo enfrentarme a la realidad numérica. Me supera. El chico del ordenador es un mago que hace esos cálculos. Simpatizo con él, creo que es honesto. Utiliza gafas de culo de botella y no se levanta de la butaca del ordenador. Nunca lo he visto en ninguna otra parte. Confío en él. Seguro que no me sisará en la parte que me toque del negocio.

Yo propuse inmediatamente a la cafetería de la sala de espera del teatro que narcotizaran a los espectadores con caramelos de éxtasis. Así todos quedarían contentos con la representación, fuera la que fuera. La cosa pareció funcionar en la sesión previa, un ensayo general, hasta que una camarera que vino a hacer una sustitución dio una bola de  naftalina en lugar de un caramelo confitado. Un cliente que la engulló nos ha puesto una demanda. Eso acarreará algunos problemas. Menudo panorama. Bien, me toca hablar. Debo hablar.Hablar, hablar, hablar,...esa es la consigna.

Pero hablar ¿para qué? Todo el mundo sabe que las palabras llevan siglos chirriando y no se convierten en hechos o no siempre lo hacen en referencia a los hechos más importantes.  La gente está cansada de palabras. Se compra libros con la promesa de best sellers y queda defraudada, va al teatro y se encuentra con comedias para públicos tontos, va al cine y se ruboriza ante diálogos absurdos, cuando pone la radio da con tertulianos en intereconomia especializados en la descalificación con los que contrae jaquecas repentinas para irse a refugiar al canal de música clásica,-único oasis del dial- si lee el periódico se encuentra con sucesos terribles  y las referencias que tiene del parlamento, la colocan en la duda permanente. ¿Se arreglaran las cosas? ¡no se arreglarán las cosas! ¿se arreglaran las cosas? ¡no se arreglaran las cosas! ¿si? ¡no! ¿siiii? ¿noooo?

 

 

Personalización. Evidencia del  lugar en el que el personaje se encuentra.

 

-ah! ¿están Vds. ahí? ¡discúlpenme! no lo había advertido. No les molestaré. Vds. sigan con lo suyo que yo seguiré con lo mío. Tengo un episteme a medio resolver en mi cerebro: sí, cerebro tenemos todos, yo también. Cerebro=caja de las neuronas.

Ah, si, ya recuerdo, llevaba tiempo en el paro, sin dinero, sin nada, sin futuro. Alguien me dijo: a la vida hay que echarle morro. No dejes escapar las oportunidades.

Me quedé con la tesis pero yo seguía de mal en peor. Poco después alguien se fijó en mí, me dijo que tenía dotes, talento, presencia, gancho...

¿talento, yo? me informaron que buscaban a alguien como yo para interpretar un papel de teatro; y fue decir: “bueno” para que todo a mi entorno  se precipitara. Firmé la petición de socio de esta compañía experimental. Luego me enteraría que yo era el único miembro que trabajaba, porque el director siempre estaba de viaje y el tramoyista siempre se ahorcaba con las cuerdas de los decorados. Me dieron un guion para memorizar y ¡hála! A las tablas que es tu sitio. El problema es que nunca he conseguido memorizar una línea de aquel guión.   Ahora me han elevado a las tablas, es decir al escenario, oseáse, aquí, para dirigirme a  gente de verdad, a personas inteligentes, a señores y que me escrutan con su mirada desde la platea oscura, a damas que vienen a pasar un rato de cultura, porqué ir al teatro es un indicador de cultura, ya saben; a  chicos grandes que vienen hasta aquí para poner la guinda a una jornada de investigaciones por las calles y otros antros, a muchachada diversa que ha pagado una entrada para conseguir un impacto visual, una emoción tal vez, una experiencia mística a lo mejor. He de suponer que todas las caras presentes en la sala (acomodadores aparte) están  interesadas en lo que pueda decirles un tipo como yo. ¡No estoy preparado para tamaña responsabilidad!  Lo siento. Renuncio, me retiro. Apedréenme si quieren (jejé, no hay piedras en la sala), tomatéenme (jeje los tomates van caros), abucheénme (jeje tengo los tímpanos rotos). Debo ser sincero con vds. Tal vez les devuelvan parte del importe que han pagado por mi declaración de renunciante Se han equivocado de puerta. No soy un actor conocido, ni siquiera soy un actor entrenado por el Institut o cualquier otra peña de expertos. Soy un oportunista al que le han dado el micro y le han dicho que no lo suelte mientras el público aguante. Esa es la verdad más sincero que puedo comunicar: se me utiliza como un instrumento de medición psicológica. Sal ahí y presiónales. Di todas las burradas que quieras para ver lo que aguantan. O peor aún, una facultad de psicología está detrás de este experimento y mientras yo estoy aquí poderosos ojos espía repartidos por el local escrutan sus pupilas, sus menores gestos. Ssssss, vigilen. Miren en sus asientos, en sus mesas, en la butaca de enfrente, en el orificio auditivo de las personas que se sientan a su lado. En todas partes puede haber una cámara oculta, ¡el microespionaje ha llegado muy lejos!

Hubo unos preparativos sí. Un par de ensayos antes que mi director se fuera a las Bahamas a tomar el sol tal  como corresponde a todos los directores que se precien. El caso, es que el guión que me dio  no me entraba ni con mayonesa. ¡Qué cosa! ¡qué duro! Mi director escénico me llamaba una vez por semana, y me preguntaba ¿qué tal va el papel? ¿te lo has aprendido ya? -me preguntaba con sus preguntas rutinarias-Yo para no perder mis posibilidades de ser actor y salir de mi atolladero, le decía con persuasión. ¡Sí, sí, es un papel que me encanta! ¿De qué iba el papel? Ah, sí, de un triunfador que le comía el coco al personal para comprarse autos últimos modelo y aguantar las ultimas putadas de la temporada en su empresa. Y así fue como me metí en este fregado. El director escénico no me pasó ninguna prueba o ensayo general. Tenía otras obras mayores en las que ocuparse u otros asuntos más gozosos a los que atender. Me dijo en tono sentencial – “lo tuyo es un monólogo y a eso solo van intelectuales que siempre entienden y atienden más que el público medio”. Seguramente no me clichó con ojo de buen cubero, confundió una vez en la que yo estaba hablando solo por el móvil sin darle cuartel a mi interlocutor con un ensayo de Hamlet.

 El caso es que  llegó el día del estreno, y desde entonces, desde hoy, desde ahora, desde ayer como mucho,  aquí me tienen, diciendo lo que se me ocurre, porqué el  pliego de hojas que me dieron ni siquiera pude terminar de leerla. Una horrible jaqueca me llevó a la UVI. Desde entonces el mánager, que es el que hace las cuentas y mantiene como puede el local del naufragio total, cada día me empujará literalmente a la escena porque yo, yo, yo, eso de aquí, eso que me autoseñalo,  tengo terror escénico. buah. bah, snif, snif. ¿Algún psiquiatra en la sala, psicólogo, psicoanalista, intruso, lego? Salgo a la palestra preparado para los abucheos, los tomatazos, los huevos duros, las píeles de plátano. Sin embargo para mi sorpresa recibo aplausos, piropos, hasta flores me han regalado y ayer hasta una  persona del público, una fémina de elegancias extraordinarias, subió para darme un beso de reconocimiento. ¡qué beso! Eso sí que fue un beso. ¿Como una mujer 10 puede plantarle un beso a la cara de un pingajo como yo?

Podría contarles lo del beso, pero tuvo más valor cinematográfico que químico y para ahora no tendría el menor valor escénico. En todo caso para explicarlo debería representarlo. ¿alguna candidata? ¿Alguna mujer superpotente dispuesta a salir de la oscuridad para ensayo puntual? ¿Alguna compañera de reparto que quiera hacer méritos como yo en este mundo del arte escénico? Bien, que formen fila y que sus acompañantes masculinos contengan la furia ibérica o miren hacia otra parte. Ah, no, de furia nada, estamos entre intelectuales, y los intelectuales no son como la mayoría de pendejos mortales callejeros celosos y violentos, o  al menos eso creemos. Si Sastre resucitara me daría de hostias. Los de mi época me crucificaron.-me diría dándome la vara-  El intelectual es el ser más raquítico y el que perdona menos cuando le descubres los trapos sucios de su discurso. No me voy a meter con los intelectuales. Son Vds., ¿no es así? Son los que pagan mi cena de hoy, mañana tal vez no repitan y en lugar de recomendarme a sus amistades me recomienden para residir en los basurales.

El monólogo de este tío te lo puedes perder. Te tiene entretenido durante una hora y no te dice nada. Sales con cara de idiota del establecimiento y con 12euros de menos. Sí, por favor, no me recomienden. No quiero triunfar en este mundo. Simplemente hago mi psicodrama. Alguna vez alguien me dijo que todos mis problemas existenciales desaparecerían si era capaz de expresarlos en público. Es mucho más barato que apuntarte a una psicoterapia y poco o mucho vas a cobrar algo. Pues no está mal, interioricé para mis adentros, porque aunque no lo crean soy un hombre de interiodades. Lo único que necesitas es encontrar un público suficientemente callado para que aguante tus chorradas.

¿y el arte? Le pregunté. ¿El arte?, ¿arte?, ¿a, erre, te, é?-repuso- si ARTE, volví a preguntar. Esto es el arte de la vida, muchacho, todas las otras artes forman parte de la fabulación humana necesitada en creer en una sublimidad que ningún creador le ha concedido. ¿Si el teatro te sirve para ti para que caray tiene que servirle al arte? Medio convencido pensé que en algo tenía razón. El arte debe andar por los cuadros de Caravaggio, o por la famosa Gioconda que a fuerza de repetirla y de ser tan citada parece que ya no sonríe tanto; en las salas de proyección y teatro lo que hay son escenas que embadurnan por un rato al respetable que está dispuesto no solo a conceder parte de su tiempo sino además pagarte por ello.

Subrayémoslo. Pagar por ello. ¿Pagar por asistir a una escena? ¿Pagar por escuchar a un tipo como yo? Debería ser al revés, los actores deberían pagar por ser escuchados. Debería ser yo quien les estuviera pagando por venirme a oír. A ver, ¿cuánto les debo? Creo que aquí tengo una calculadora, No, no se apresuren, aguarden su turno formando otra cola detrás de las mujeres que venían a ensayar un beso.

Muy bien, tengo un público, en realidad una platea oscura pues yo no veo a nadie, como mucho algunas siluetas. Por ahora no observo culos inquietos ni abandonos de la sala, aunque espero de un momento a otro ser linchado. Por favor patadas en los cojones, no. Duelen. Sean formales y aguarden a la construcción de un cadalso que se ajuste al reglamento municipal.

En lugar de estar divagando y hacerles perder el precioso tiempo que me conceden, (en estos momentos sus ordenadores cerebrales deben estar recordando las múltiples obediencias que les deben a sus agendas y a sus compromisos y lógicamente odiándome por estar exhibiendo mi poca profesionalidad  ante Vds.). tengan coraje y abandónenme. Así me enfrentarán al terrible sino de mi realidad: la estupidez de dedicarme al escenario. Si se fueran levantando uno a uno, o líneas de butacas enteras, me dejarían sin pretexto ante mi mismo para hablar de no sé qué ni como. No tengo guión, no tengo personaje, tan solo la obligación de entretenerlos. La sala permite la escapada. No les importe hacer ruidos y quienes reciban pisotones decir ai. Adelante, libertad de expresión. ¿Saben Vds. que las grandes plateas de los teatros tienen los asientos colocados de tal manera para que alguien del público que se disguste no se atreva a abandonar la sala en medio de la representación por el alboroto que esto supondría? Debo confesar con pesadumbre que el teatro era mucho más crítico en la época de Lope de Vega que en la actual, No solo existía libertad de expresión representada sino también libertad de público en largarse de ella cuando no valía nada o en abuchear a la compañía.

No estoy animado por ningún espaldarazo. Lo más difícil es el monólogo. No sé de donde alguien se inventó de verme dotado para ello. Me falta imaginación, voz, presencia y convicción. El monólogo no triunfa sin hacer participar de alguna manera al público aunque sea desde su perplejidad a falta de conseguir sacarle la risa. Reír, he aquí la tesitura. Si yo no sé reír ¿cómo voy a conseguir que los demás se rían de lo que diga? Si alguien es capaz de mantener la atención de un público durante una hora como mínimo de quietud puede decirse que ha conseguido su propósito. El cum laude le espera. No hay nada más terrible que contar algo a alguien y que bostece o que se le duerma. A mí me ha sucedido ambas cosas: me he dormido y he bostezado ante gente que me hablaba. No puedo protestar si me sucede algo parecido. Seguiré hablando por si alguien sigue despierto o el sonido de un tronco serrándose en sus temporales no lo ha dejado cao todavía.

 

Bueno eso le pasa a muchos monologuistas que han sido capaces de levantarse desde su exigüidad. ¿Quien veía en Woody Allen más que a un renacuajo pegado a unas enormes gafas y quien no ve hoy en el mismo nombre el gran creador de escenas que ha recompuesto el discurso cinematográfico?

No soy el primer actor ni el último enfrentado al vacío de una escena como único encargado de llenarlo con sus ocurrencias. El monologuista tiene que tener un esquema de estructura: un intro, un desenlace y un final y llenarlo de pijadas, alargarlo más o menos según los temas periodísticos del día y el perfil supuesto de público asistente. Sí, he hecho un esquema, a ver debe estar en alguno de mis bolsillos. Lo busco, lo sigo buscando, por el amor de dios, la chuleta, …camarero, una chuleta. No, esto se me ha escapado. El camarero de aquí sirve gintonics y cosas parecidas pero no chuletas. Sé de gente que ha hecho varias carreras universitarias gracias a las chuletas pero en cambio nunca se me ocurrió pensar que se podría perder una cuando justo en el momento en que la necesitas para salir del paso. Francamente, estoy en blanco. Sin la chuleta no soy nadie. No puedo seguir. Me callo, sí, me callo.  No,no,no, alguien está diciendo no desde el eco del fondo. No, no, no, no te calles, suena la voz de mi empresario en mi interior (ya les he dicho que soy un hombre profundo). Habla que si no, no podemos pagar el alquiler del local. Eso suena a limosnerías a la puerta de una iglesia. Llamamiento de urgencia al público: quédense hasta el final, lo mejor está por llegar. Rectifico: prefiero no hacer ninguna clase de promesa. Lo que si puedo asegurarles es que hay un final previsto para esta historia. ¿historia? ¿qué historia? Empieza de una vez.

 

Juego de auto castigo, una auto bofetada insinuada, un hablar en voz baja consigo mismo como si representara dos papeles, el del personaje y el de actor contratado.

 

 

Aquí está el papel, sí aquí está mi apunte: primero: auto presentación. Segundo, explicar de qué va el cuento, Tercero, enredar a espectadores de la sala como personajes de relleno a falta de tener una compañía que se precie con más de un actor en nómina y cuarto explicar cuatro chistes socorridos para arrancar risas facilonas. Ya se sabe que el público cuando mueve el diafragma sale satisfecho de una sala de teatro y además se cree que ha contribuido considerablemente al desarrollo del arte. Un buen esquema deja espacios de silencio para indicar que son los momentos del aplauso. En el club de la comedia todo esta estudiado. El caché de un actor aumenta a tanto la risa. Claro que en el arte a dramático es a tanto la lágrima. Ni siquiera en eso el mundo se ha puesto de acuerdo. ¿Que prefieren Vds., reír o llorar? A mí me pagan por ocupar el tiempo no la manera. Me da exactamente igual hacer sufrir que hacer reír. La química de las lágrimas así como la risa estentórea son dos productos corpóreos. Las lágrimas son segregadas por glándulas lagrimales y la risa la produce la glotis y un montón de músculos implicados. Quien mas ríe parece ser que mas vive y quien más llora todo lo contrario. De esa guisa hay que deducir que los sentimentales mueren antes que los humoristas. No sé de ninguna universidad o grupo científico que haya querido estudiar esa comparación. Lo cierto es que es más llevadero tener a alguien al lado riéndose por todo que no el mismo tiempo llorando por las mismas cosas.  Truffaut dice que un pesimista es un optimista con experiencia. La definición de pesimista, el que lo ve todo negro, es aquel que es un optimista informado. Se puede decir al revés, un optimista es el pesimista desinformado. Pues bien, un lloroso de lágrima fácil es un incontinente. Lo mismo que hay quien no se puede aguantar y se mea antes de llegar al cuarto de baño también hay quien llora por cada cosa antes de reflexionar el sentido del acontecimiento. Esta comprobado que un ambiente musical ideal, un susurro y un par de frases directas al ombligo hacen llorar ¿Quién no ha llorado con la melodía de la lista de Schindler? Al revés, las palabras apropiadas, el gag fácil, el escarnio del tipo público con sus tics y la conveniente distorsión de sus facciones hacen llorar.

El actor no hace más que investirse de unos gestos u otros, unos detalles u otros para sonsacar la carcajada o la lagrima. No puede llegar y decir: lloren, ar! Rían, ar! ¿No puede? Algunos platós empezaron a organizar los sentimientos del público con cartelones que decían: aplausos, risas, silbidos, etc. Sé de colegas de la profesión que para triunfar contrataron clacas estratégicamente distribuidas por la sala para aplaudir su espectáculo. Primero se arruinaron pagando a sus sicarios en dar palmas, luego triunfaron lo suficiente para pagar todas sus deudas, finalmente volvieron al silencioso mundo del anonimato fuera de toda farándula tras comprobar la dura competencia entre actores.

Ahora que estoy enderazado y tengo el apunte les hablaré en serio.

¿Qué voy a contarles pues ? ¿Mi vida? Tienen derecho a una función pues yo voy a funcionar en lo que sea. Nací.....a ver, a ver, nací, no , perdón, no, yo no nací. ¡Nunca he nacido.! Estoy como por casualidad. Soy nadie en el mundo del todo.  Alguien debería escribir sobre la mundialización de la nada y las decenas de millones de personas que ocupamos un espacio sin ser vistas, que hablamos sin ser escuchadas,(bueno ahora Vds. hacen una excepción misericorde conmigo), que pedimos sin que se nos de nada, que clamamos sin que se nos acepte, que reivindicamos sin que conquistemos. Esa es la puñetera verdad del gran anonimato.

El mánager también me ha dicho algo terrible, impropio de un profesional del espectáculo. No importa lo que digas, el personal te escuchará en silencio. La gente que paga una entrada quiere amortizarla y necesita creerse que ha hecho una buena inversión aunque la escena no valga nada. Tú tan solo eres un pretexto para que pase una velada más.

¡Pero eso es terrible! Le exclamé, ¿Entonces en qué lugar queda el actor, y el arte?, nada importa?, ¿todo es representación? ¿y el sentido crítico de la gente?

No existe. La gente aplaude lo que sea. Tú eres un troyano en su noche. Te habrán olvidado antes de que te des media vuelta en la escena. Incluso te aplaudirán frenéticamente porque eso lo exige el canon. Además aplaudir es una forma económica de calentarse las manos y entrar en calor.

Si esto es así –le dije- ¿de dónde nace el terror escénico?. Los actores actuales van sobre seguro hagan lo que hagan. La gente necesita ir al teatro, el contacto con la acción es emocionante, no tiene los conservantes de los Dvd o el celuloide. Una obra de teatro es un chute de entusiasmo. Seguramente hay un teatro al que se le pueda aplicar todo esta valoración. En mi caso no tengo personaje. Debería haberme aprendido el maldito guión y ahora estaríamos todos metidos en una historia creíble asistiendo a nuestro héroe en su porsche corriendo por Montecarlo. ¿creíble, no? La gente no quiere verdades sino mentiras suficientemente creíbles. El perfil del consumo marca las cantidades producidas de lo uno y de lo otro. A juzgar por los distintos clientelismos: periódicos, cinematecas, teatros, canchas de futbol, no hay que ser un lince para saber lo que predomina. He dicho también teatros. Sí, los teatros no se escapan de la farándula del engaño. Hubo un tiempo en que el teatro era una forma ocurrente para decir verdades: Moliere, ¡el gran Moliere!. Esnifar su recuerdo me llena de empuje para continuar. Ahora el teatro es una forma ocurrente para la risaterapia. ¡Mover o no mover el diafragma y la glotis, ésta es la gran cuestión!.

Un actor cómico debe llevar –no cito de memoria porque memoria ya he confesado no tener- el espectáculo hasta donde quiere con la suficiente curiosidad y permisividad del público para reírse de él, pero eso sí, con él. El público es una denominación cursi de sociedad metida en una platea. Cuando de un actor, una compañía, quien sea, triunfa en todos los públicos en realidad se está diciendo que su actuación no ha sido suficientemente relevante como para cabrear a unos cuantos. El buen actor es el despreciable, el que se olvida de su papel, el que improvisa, el que tránsfuga partes de texto de Shakespeare con los de Cervantes, o viceversa, a fin de cuentas sus almas deberían cruzarse por aquel entonces. No, no trato de pasar por buen actor al venir sin un papel preconcebido. No me he aprendido la lección. No diré que lo siento porque nunca me he aprendido lecciones de memoria. (Jesusito de mi vida, eres niño como yo, y por eso te quiero tanto y te doy mi corazón. Tómalo, tuyo es. ¡Encantador!). A la que no te das cuenta te convierten en un suicida o en un apólogo de la antropofagia del trasplante. Un actor que se precie hace enemigos. ¡León Basi, un maestro de la heterodoxia!. Yo mismo un agujero oscuro en un plató. Nadie sin nada a decir pero que cobra a tanto el espacio escénico(o al menos esta es la cláusula principal de mi contrato). Algo parecido a los traductores, cobran a tanto la palabra o la línea. Yo también trato de traducir mi momento y llevarlo a palabras comprensibles, aunque no tengo tantas que me puedan auxiliar. Soy un hablante de lenguaje limitado y de datos mínimos. No recordar las cosas es un terrible problema especialmente para conferenciantes y personal escénico en general.

Voy por el primer punto del guión. Auto presentación. Me he quedado en que no nací, no existo. Solo soy un holograma que un público apasionado de cualquier clase de superchería concede en otorgarle el rango de realidad. Pero cómo pueden estar seguros de que yo estoy aquí y no soy un espectro holográfico enviado por un cañón triniton. La insuficiencia de lux del escenario es un poderoso auxiliar para creerlo así,. ¡A ver, las de la cola del beso, atreveos con un fantasma! Jo, jo. Jo, eso no hace reír y lo sé. La verdad es que esto es patético. Si no nací y no tengo curriculum ¿por dónde empezar? Me salto el ítem pero mientras nadie me toque o me pellizque. No aquí no, un poco más abajo, en la nalga, no sabrán Vds. si existo o soy teatro diferido.

 Argumento: esto es un tipo que desea hacer de actor y tiene su oportunidad. Le van a pagar por una función a cambio de mantener entretenido a un público. Esta es la única cláusula de obligación  por mi parte del contrato. Nada menciona de hacerle reír o de conducirlo al nirvana o de enseñarles a interpretar la realidad Solo entretener. Entretenimiento. Entre-tener. Espacio intermedio entre un tener y otro. Está claro que el entretenimiento es una divagación entre teneres, debe decirse, haberes. Entre un haber y otro hay un suspiro y una mosca que va de paso que entretiene. Yo soy la mosca. Vds pueden entretenerse tratando de cazarme. Pueden acudir al guardarropas y comprar por un módico precio un matamoscas de plástico. Pero me niego a hacer esa promoción. Recuerdo como de niño me frustraron mis habilidades creativas aquellas parejas de payasos en los circos ambulantes  en lo que aprovechaban espacios de su función para otras rondas de venda de numeritos del sorteo. No y no, he dicho que no. Ya sé que mi empresario se esta desestomacando en su hamaca en el Pacífico por desaprovechar esa oportunidad para hacer una entrada complementaria de ingresos. No voy a pedirles nada. Ni siquiera que me escuchen. Hagan como si lo hicieran pero reposen cuidadosamente sus cabecitas en el espectador que tengan al lado y echen una cabezadita. Yo voy a terminar dentro de poco porque ésta  función no es posible, nunca ha existido, Vds., nunca han venido aquí y este local es una pura fantasmagoría. Estamos formando todos barra todas parte de un programa de investigación sobre sueño compartido. Los enemigos del teatro están detrás de ello con la financiación. Empresarios televisivos, hoteleros y la gran industria del cine se han puesto de acuerdo para que la gente no vaya al teatro, ¿Cómo? Soñando cosas para no ir, con la misma vividez como si se hubieran desplazado. ¿barato, verdad? Y el fin de la crisis del espectáculo.

Argumento bis: un triunfador presenta sus credenciales y pauta a sus amigos lo que tienen que hacer para vivir vidas de éxito. Demasiado estándar. Pobre, escaso,… Hay dos clases de argumentos: los que hablan de triunfadores y los que hablan de perdedores. Los unos se los lleva los videoclips y la publicidad; los otros, novelas que no se terminan de tomar en serio. Un actor es el tipo ambivalente que hace creíble a cualquier clase de personaje: tanto al que triunfa como al miserable. Yo no puedo representar al primero porque ya he dicho que no me he aprendido su guion, no solo un guion imaginario, si no tampoco el guion de la vida, ¿Triunfar?, esto es para los que se van a vivir a los Estados Unidos. En Europa no se triunfa, allí tampoco, pero dejaremos que los ilusos se lo sigan creyendo. En Europa se estudia filosofía para inocularte la suficiente profilaxis teórica para no creerte nada.

Cambio de posición, tratando de preparar una nueva escena

 

Argumento. ¿cual es el argumento? Esta es una historia para adultos cultos es decir que no practiquen ningún culto en la que hay un actor que no sabe cual es su personaje y unos espectadores que no saben por el momento a lo que han venido. Esperan un efecto, algo extraordinario o no esperan nada, simplemente pasar el rato y tener la mente lo suficientemente libre como para compartir las tonterías que dice un actor en proyecto con los grandes temas de la vida que le ocupan su existencialidad. Cuando yo voy al teatro reconozco que una parte de la función me la paso ensimismado porque dice cosas que ya se. Acepté estar metido en una buraca por tres horas ante un monólogo de Pavloski. ¿Ocurrente no? Un  apólogo del mariquitismo. Compartí el rato de su representación  con los acuciantes temas que me esperaban en casa: una partida de ajedrez pendiente ¿cambio alfil por caballo o lo defiendo amenazando a la reina con mi torre? La factura sobrecargada de luz que debía ir a reclamar, la multa enviada por la agencia oficial de castigos, llenar la despensa con la compra del mes y escribir de una puñetera vez la función de teatro por la que ganar el premio nacional de las letras hispanas.

¿Cómo pedir un premio para mí si no soy capaz de presentar mi escucha a muchas obras que se representan, algunas con alta pompa y gran caché? A veces creo que el público mimetiza actitudes a favor o en contra sin saber muy bien lo que hace. Se castiga una obra por el nombre de un director,

 como la quijotesca de Boadella. Es que el muy canalla se merece una patada en el pompis pero no un desprecio a sus creaciones. Esas son las contradicciones del arte. Una obra de calidad puede estar hecha por un tipo con talento pero ideológicamente nefasto. No es la primera vez ni lo será la última en la historia. Y al revés un autor ideológicamente elegante puede ofrecer un bodrio como soporte de texto ¿Y el Stalin de Flotats? ¿Qué opinar de esta obra? ¿Fue tan inteligente y lenguaraz el georgiano o por razones de guión se le ponen más palabras en la boca en una hora de las que pudo decir en toda su vida para darle papel al actor? Ese actor, que bueno, es una versión edipiana moderna al revés por el lado del consuelo patrio-paterno no alcanzada nunca del todo.

 

El espectador de teatro es alguien formado acostumbrado a tratar con personajes. De un director espera cuando menos una dirección escénica y de un actor/actriz una personalidad descriptiva, sea histórico-real o una fabulación-imaginaria. Lo que importa, ya lo he dicho, no es la verdad sino la credibilidad de un argumento. La gente valora tanto la coherencia que olvida si una cosa es cierta o no. Lo que le interesa es que le cuadre el total de la suma no que las cantidades se correspondan con las cosas reales.

 

 La obra tiene que ser muy buena para no perderme ni una sola palabra. En cambio en el cine mi atención es más captada. No diré lo que pienso de eso para no cuestionar el teatro más de lo que está, El espectador de teatro es alguien formado acostumbrado a tratar con personajes. De un director espera cuando menos una dirección escénica y de un actor/actriz una personalidad descriptiva, sea histórico-real o una fabulación-imaginaria. Lo que importa, ya lo he dicho, no es la verdad sino la credibilidad de un argumento. La gente valora tanto la coherencia que olvida si una cosa es cierta o no. Lo que le interesa es que le cuadre el total de la suma no que las cantidades se correspondan con las cosas reales. Hay obras de teatro que han cambiado el mundo. Sófocles, Antigona. ¿Dónde está la ética? En el gesto heroico de la chica aceptando morir  por contravenir  las órdenes reales o en Creonte dando el merecido castigo a su hermano prohibiendo su entierro contra las leyes de la naturaleza  por haberse levantado en armas contra su pueblo. Y es que el teatro plantea situaciones no soluciones. No te da la receta para seguir con una vida correcta, simplemente te describe la vida, por tanto la vida con todas sus incorrecciones.

Hablando de incorrecciones no debe haber nada mas incorrecto que un tipo tratando de llenar el rato con lo que se le ocurre. Osease,yo. Cuando he ido a una conferencia y el ponente se distrae una y otra vez con cada frase y nunca termina de exponer el tema me sulfuro. Me siento traicionado. Oiga magister Vd. tenía que hablarnos de acuerdo con el título de su exposición del hermafroditismo del caracol y nos ha llevado por una posible suerte humanitarista de una nueva raza resultante de la implementación de los zulúes con los baobab.

Es como cuando llamas por teléfono a un anuncio de alguien que ofrece un determinado objeto, por ejemplo el ajuar de la abuela de sabanas de algodón de las de antes y te dice que ya no le quedan pero que tiene la vajilla de plata. Fiasco total. El espectador de teatro debería pagar un seguro junto a la entrada lo mismo que el asistente a conferencias o el universitario de aulas. Ese seguro debería cubrir la falta de expectativa pactada y pagada. Un ticket lo mismo que un recibo de matricula es un documento contractual. Si la persona contratada no lo cumple se le puede pedir una indemnización: no ya solo la devolución del dinero invertido sino el pago de ese tiempo invertido ya que se supone que el espectador, el asistente o el alumno lo ha perdido miserablemente esperando a cada minuto que la orientación del tema cambiara de registro. Cualquiera que toma la palabra y habla: desde el párroco de pulpito o altar, al rey tomando el juramento de sus ministros, al que cuenta un chiste en la calle, al policía que viene a multarte, al actor con su soliloquio, al partner en su discurso amoroso, al profesor ante la clase,… debería  podérsele interrumpir con corrección y oponerle otro punto de vista. La mayoría de veces no se hace. No lo hacemos. Si alguien desde la sala de un teatro dice  a los actores que pleguen y ensayen mas, o desde la sala de un concierto alguien dice a los  músicos que se enrollen más bien será tratado como un saboteador no como un contribuyente a la calidad artística. No entiendo cómo me permiten seguir con mi digamos disertación. En realidad no cuento ninguna historia. Si rasco en mis células debo de acordarme alguna de dragones malos y de niños buenos. Pero no me voy a poner a contar cuentos para niños a estas alturas.

Debo seguir con el plan previsto de mi nota.

 Auto presentación. Naci es decir me nacieron en un lugar cualquiera. A los 8 años interpuse una demanda como querella criminal contra mis padres por hacerme nacer en un mundo como este bajo los efectos de su total irresponsabilidad y falta de estudio sobre las pocas comodidades que podían ofrecer a un niño como yo, condenándome así a la miseria y a la desgracia. Di con un juez adelantado para su época que reconociendo la falta de una ley justa para el caso previsto y considerando la impecabilidad racionalista para un niño de mi edad, considerando además el exceso de población mundial, considerando la falta de prácticas de la nueva remesa de cirujanos eugenésicos,  considerando también la existencia de plazas libres en la penitenciaria del estado se condenó a los autores de mis días a la castración quirúrgica y a la cadena perpetua. Desde entonces puedo visitarlos una vez al mes, cosa que hago religiosamente cada 31 reduciendo el número de visitas a 7 al año. Los he visto envejecer lentamente a través de las rejas tomando nota de sus sabios consejos de presidiarios resignados. Desde nuestra separación el estado se hizo cargo de mí metiéndome en una galería de niños desarrapados. Me hice autodidacta. Aprendí a vivir el día a día. ¿Triste verdad? Pero esto que les digo es una total mentira, además es increíble. Solo tiene de cierto los considerandos del fallo judicial. En realidad la cosa pasó al revés. Yo soy hijo de otro planeta. En ese planeta del que soy hijo que por razones de seguridad no daré las coordenadas para que no se les ocurra invadirlo, son los hijos los que eligen a los padres. Los hijos son hechos por maquinas fantásticas que remolecularizan la materia orgánica con un adelantado programa de ordenador. Cada crio a los 8 años va a una granja de padres que en realidad son otros individuos fabricados por un procedimiento similar para hacer de padres a partir de cumplir la trentena. Yo elegí a los míos: bien parecidos y con matriculas de honor en sus carreras. Todo inventado. …En fin no voy a seguir por ahí, la ciencia ficción nunca ha sido mi fuerte. Prefiero el misterio.

Les diré la verdad: padezco amnesia profunda. No puedo decirles quien soy porque yo no lo sé. Desde que se esto, trato de construirme una personalidad. Dura tarea. Una personalidad es una mezcla de hábitos, valores, inercias, tenencias, formas de ser, lengua, discurso. Una personalidad no tiene una definición sino un halo de supuesta arrogancia. La mía, se lo estoy demostrando, no está muy segura de si misma. No termino de describir lo que soy o lo que he hecho. Algo tan común para la mayoría de hablantes para mí es todo un imposible. A veces pienso que soy como uno de esos muñecos que llevan una llave de cuerda a la espalda con un muelle metido dentro y tienen un tambor delante con cuyos brazos y bastoncitos tocan, tocan mientras dure la cuerda.

Yo soy eso: un tipo que le han dado cuerda para hablar y hablar aunque finalmente no diga nada. Pero, ¿no es acaso eso lo que hacemos la mayoría? Hablar y hablar, hablar y hablar, esa es la consigna. Sal y habla, la gente te escuchará. ¿cómo se que es esto cierto? ¿Hay alguien en la sala, hay alguien ahí, donde están las dos hileras formadas?. ¿Donde los besos, donde las reclamaciones? No se abalancen. Ante todo el respeto. Yo solo trabajo eh!! Sin achuchar. Trabajar: ¡maldito verbo! Después de ir a varias obras con el cartel expuesto: se admite personal llegué a la conclusión que yo no formaba parte de esa clase de personal que se admitía. Quise hacerme rapsoda: esos que iban con el cuento por todas partes y entretenían a la gente de los pueblos a falta de la evolucionada industria de hoy en día de comecocos. Me tomaron por loco al quedarme solo hablando en las plazas. Hoy en día nadie da nada por la palabra callejera. Todo lo que no sea palabra publicada no existe. He dicho publicada, la pública se olvida. ¿Quien se acordará de lo que he dicho un minuto después de salir de este local? ¿Acaso se acuerdan ahora de cómo ha empezado la cosa? Creo estar haciendo prácticas de un Antonin Artaud resurrecto. ¿pero es que ha empezado? Cuando notes que empiezas a repetirte, dicen las sagradas escrituras de los manuales del buen actor por libre, empieza a dar por cerrada la sesión. Más vale algo breve y bueno que no largo y más malo que el Coyote. Etcétera, etcétera.

Saben lo que les digo, que mi programa de hoy podría ser titulado como El hombre etcétera. Que no somos hombres completos eso ya lo dijo Giovanni Papini. La vida nunca termina del todo, simplemente se le interrumpe al individuo que le toca fallecer sin haber concluido sus grandes misiones existenciales.

Volvamos a lo que nos compete en esta velada. Definición de teatro: espacio en el que se recrea una situación real diferida o imaginaria en la que la acción escénica recrea la posibilidad reactualizada de su certeza. Suele hacerse en un espacio pensado para tal efecto con un público expectante que pone la atención y el veredicto a todo el proceso. Hasta aquí la definición contextual pero el teatro es algo más: transmisión de la convicción sentimental. Un actor no es nada si no se convierte en su personaje. Admito mi problema de interpretación: no sé donde empieza mi personaje y donde acabo yo. Yo, pronombre de primera persona singular. Se suele aprender después del tú. Psicológicamente antes de saber que yo soy aprendí a reconocerte a ti como a un tu diferente de lo mío. ¿sí? ¿Me siguen o eso es demasiado complejo? Yo soy yo porque cualquiera de Vds. puede seguir siendo para mí un tu. Tú-tú-tú-tú. Si todos nosotros fuéramos el mismo yo seriamos una masa de algunas toneladas de peso del que les saldrían más brazos que a Krisna y más pies que a un ciempiés. Aclarado este punto de la alta psicología invernal pasemos al antes anunciado. El verdadero actor es el que aparca su personalidad habitual para adoptar la de su personaje hasta tal punto que termina por olvidarse de si mismo. Mientras le dura la obra en la que está trabajando actúa en todas partes como ese otro individuo que ha recreado dentro de si. Pero eso es patología pura. Si uno no distingue lo que es de lo que hace está perdido, si el actor no sabe la diferencia entre su verdadero yo y la personalidad que interpreta no es que sea un buen actor es que es un enfermo mediocre. Aguantaré la crítica sin resistencia. De acuerdo. No sé quien soy. Ni sé cual es mi papel ni que interpretación estoy haciendo. simplemente hablo. Acaso no nos pasamos toda la vida hablando generalmente bastante disociados de la acción. ¡A ver quien tenga dudas sobre su esquizofrenia que lance la primera piedras! Yo soy la multitud que cobijo, eso ya lo dijo Witman. Si no puedo presentar una historia única es porque contengo muchas historias.

¿Por dónde íbamos? Nací, perdón me nacieron; viví, creo que también me vivieron. Enchironé a mis padres, ah, no los elegí en una granja. De mayor me hice vagabundo. Hay una bonita palabra en catalán para describirlo, rodamón. Sí, puedo decir que yo he rodado los míos. Ahora estoy aquí compartiendo este rato por razones supervivenciales. Sé que si no hablo me muero. Me debo a los actos orales. De todos modos mi empresario me dijo: si no hablas te mato. Coincide mi deseo existencial con mi drama de vida. Me toca mantener la jeta cada noche a partir de esta y de la anterior durante una temporada suficiente para poner a flote este teatro. Si no lo consigo mi contrato se rescinde, también mi contrato con la vida. Así están las cosas. Soy un medio sujeto permanentemente incompleto que me arriesgo a ser un hombre a medias, es decir cortado por la mitad, tan pronto no consiga mantener la taquilla en alto de este teatro. En otro tiempo los bufones que no hacían reír eran eliminados. La historia de un bufón no es fácil de contar. Puesto que aun no la he empezado les convoco a las siguientes representaciones para ver si sacamos algo en claro de lo que quiero decirles. Sé que hay una historia buena por contarles. ¡Lástima de chuleta!. He de prepararla con más  atención para mañana.

No, no, no es de mi mismo que va la historia. Yo soy una silueta que a primera vista no tiene el menor interés público o social. Es regordeta y fuera de las medidas imprescindibles para vivir de hacer paseos en las pasarelas. Cambiaria mi puesto de ahora por el de una estriptís subiendo y bajando de una barra de metal solo que no creo que nadie pagara por ver mi cuerpo rechoncho. Preferiría hacer cualquier cosa gestual o mímica  a una presentación con texto. El texto está desacreditado. Todavía hay espectadores que siguen obras clásicas en verso pero es un reducto de resistentes contra el malgusto reinante. Yo mismo cuando me dieron el script lo tiré de inmediato a la papelera al echarle una ojeada su letra apretujada. La estirpe de los lectores ha desaparecido. La gente prefiere inventar lo que no sabe que aprenderlo. La diferencia entre un sabio y un tonto es que este siempre tiene la razón aunque no se haya documentado sobre lo que habla. La diferencia entre un actor y un charlatán es que este sigue hablando sin saber lo que el trajo a hacerlo. Como espectador he tenido que sufrir monólogos de colegas que me han dejado k.o. Otros son un chorro continuo de originalidad que van cambiando o perfeccionando de función a función. He aprendido de actores cómicos como Rubianes y me he prometido no caer en el sabelotodismo de otros como Juan Luis Galiardo. Me he puesto ante un espejo de pared para ver que tal lo hacía y no he podido resistir ni un cuarto de hora. No me explico cómo alguien puede seguir aguantando lo que digo que es tanto como no decir nada. ¿siguen ahí? Bueno ¡qué más da! Yo cobro por espacio consumido no por atención garantizada. Por otro lado ¿qué es la atención? Un pacto entre el público y el actor o lo que hace  cada miembro del público consigo mismo que necesita convencerse que ha empleado bien su tiempo y sus euros durante esta velada. El entretenimiento es una antigua forma del discurso humano para sacar a los individuos de sus desgracias y huecos cotidianos para olvidar por un rato lo que son. El espectáculo es evasión, nunca dos palabras fueron tan equivalente. ¡Evádanse conmigo! ¡ommmmm! ¡om!

¿Cuántas palabras necesita un hablante para convencer a otro? ¿mil? ¿diez mil? ¿Un millón? La prueba la presento yo, ahora mismo. No convenzo de nada. Pero veamos soy un actor sin tesis. Tesis..¿cual es la tesis? Si no hay una historia que contar no hay cuentista, no hay voz de relato. No importa que la voz sea aflautada o bronquítica, profunda o de vocal negro. Hay que decir algo lo que sea, algo con pies y  cabeza. Pero la Joplin nos hizo flipar a todos y sus letras no paraban de decir cuatro tonterías Baby baby… Al final resultará que lo único que estamos buscando los adultos es que nos mezan con sonidos agradables lo mismo que cuando éramos niños. ¿Y eso de la evolución personal en qué se ha quedado? Es una forma simbólica de volver a los úteros de los que nos echaron con dos espasmos abdominales además de otros vientos no románticos. Por otra parte la filosofía más optimista es que no paramos de ser cuentistas que contamos cuentos  que nos creemos bajo los efectos de la seducción y desestimamos tan pronto recuperamos el conocimiento y el soplo de la frescura matutina.

Creo que es hora de recoger mi fracaso  y mis bártulos, les dejo con su meditación yo voy a pelearme con mi mánager. Decididamente este trabajo no es para mí. Trato de representar lo que no soy. Prefiero representarme a mi mismo como espectador, abutacarme y dejar pasar las escenas por delante de mis napias. Todo se puede reciclar: lo que no sirve para ser escuchado sirve para ronronear o para dormir.

Es posible que vuelva a este divagatorio para seguir navegando por las palabras.