“Es imposible no terminar siendo como los otros creen que uno es”. Julio César
El yo acomodado a la mirada ajena. La permanencia del yo soy es a lo poco discutible y a lo mucho rechazable. ¿Quien eres? Pregunta la voz de ultratumba. Yo soy el que soy, contesta la absurdidad del que carece de demostraciones. ¿Qué quieres? Sigue interrogando la voz. Que se me permita ser lo que soy, contesta un individuo deciso.¿Cómo conceder la libertad de ser a quien no sabe lo que es?Pregunta la voz impaciente. Sé que no soy tú ni otro, sólo soy yo.
¿Qué es un yo en el laberinto de los condicionantes? Sigue el interrogatorio mordaz. Yo soy ese que está ahí, en las fotos, en la casa que habito, en el que te habla. Insiste el que quiere ser.
Tú no eres tú. Afirma la voz. Eres lo que yo creo que eres. Yo soy el mundo y tú eres la insignificancia. Yo soy el entorno y tú mi víctima. Yo te quiero según mi concepción y no según tu elección. No importa que no admitas jugar el papel que te asigno; para los demás serás lo que se haya interpretado de ti. No importan tus secretos o tus poesías, tus confidencias metidas en una caja de caudales; los demás ya te han dado nombre y etiqueta, un espacio menor en un lugar oscuro de sus recuerdos. Entre todos te hemos condenado. Y tú, tú, pobre de ti, no tienes otro remedio que para existir dejes de ser el que quisiste ser y seas lo contrario para poder ser algo.